Mostrando entradas con la etiqueta Demián Flores. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Demián Flores. Mostrar todas las entradas

Gráficos 46: Demián Flores

Es uno de los artistas mexicanos contemporáneos que en la última década ha destacado ampliamente gracias a su discurso transdisciplinario y neo-conceptual. 

Oriundo de Juchitán, Nación Zapoteca, Demián Flores Cortés nació en 1971 y a los trece años de edad emigró a la Ciudad de México realizando estudios de licenciado en Artes Visuales en la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM 1991-1995), principalmente como grabador. 

Los muertos

Yuridy Concepción Luis Luis


El que muere se queda en el olvido, como fantasma de la noche… 
que se mete en cualquier lugar hasta en los sitios más oscuros.
Vagando como espectro sin rumbo y sin lugar, se sumerge en las almas 
de aquellos que lo han herido y se pierde como un zumbido en el viento.

Guendanabani | La vida

GUENDANABANI

Letra: Juan Xtubi
Música: Daniel C. Pineda


Guendanabani  xhianga'  sicarú
ne  gastiru'  ni  ugaanda  laa
Diuxi  biseenda'  laanu  guidxilayú
Ilustración: Demián Flores
ne  laa  cuidxi  laanu  ra  nuu

Guendanabani  xhianga'  sicarú
ne  gastiru'  ni  ugaanda  laa
guiranu  napanu  xhi  gatinu
ne  guiranu  zabiinu  ra  ba'

Napu'  qué gapu'  zielu'
cadi  ti  napu'  ziaanu'
nahuiini'  naró'  guirá'  zabii
cadi  guixí huidxe  gu'yu'  laa
ma'  zeedabí'  ti  bisaana  xti'
nga  huaxa  qué ziuu  dxi
laanu  ma'  ziuunu  guibá'
Xunaxidó'  nga  gapa' laanu ndaani'  na’

Dxi  ma'  ziuunu
nacahui  riaana  ndaani'  yoo
huadxí siadó'
ni  biaana  ruuna'
re'  nisa  lu  xpidó'  ne  rixui'lu
zuhuaa  galaa  bató'  ti  nisadó'
canaba'  lu  Xunaxidó'
cu'  laanu  ndaani'  ladxidó'

Guiruti'  ná'  qué zie
guirá'  napa  xi  che'
ne  dxi  guidxiña  dxi
zadú nanenu  guirá'  ni  ma'  zé'
            (riropa)


Oración por Macario Matus


Macario:

Ilustración: Demián Flores
Se ha nublado la tarde en vísperas de tu sepelio en Juchitán. La humedad del aire trae aromas de yodo de la mar cercana. Tu cuerpo viaja desde la ciudad de México para venir a reposar a la tierra que vio pasar tu infancia y miró cómo entregaste diez maduros años de tu generosidad, de tu ternura, tus desvelos.


Tú, que no eras afecto a las salidas repentinas, vienes hoy lentamente recorriendo medio país para llegar a bendecir nuestros recuerdos, en una itinerancia que no tenías programada ¿o acaso habías pensado detener tu corazón cuando apenas cumpliste los sesenta y seis años de vida bien vivida?

Y quién puede ahora dudar de la vitalidad con que abordabas cada día, con que bordabas cada día sobre el terciopelo brillante de tu imaginación, de tu invaginación, como léperamente repetías. Quién puede olvidar tus bromas, tus afanes incansables de espíritu chocarrero, tu ágil juego de palabras que brotaba incansable como de alguna mitológica fuente para lacerar al destinatario y provocar la carcajada de los contertulios.

Tampoco podemos soslayar las tardes aquellas en que nos fundíamos en esa otra fuente mitológica que era La flor de Cheguigo, bebedero en que se encontraban nuestras ansias por aprender, por hallar el hilo que nos condujera a una nueva lectura, a un nuevo autor, o algo que tú hubieras descubierto en tu zambullida matutina por los libros de la biblioteca de la Casa de la Cultura.