Porque siempre has estado presente...
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| Ilustración Irma Jaso |
Ha terminado el día y sigo sentada en la puerta esperando que regreses. Tal vez si no te hubiera dicho lo molesto que era para mí la situación que teníamos en los hombros, nadie se la puso a nadie, pero ahí la soportábamos. Pensé que nunca me importarían los reclamos de la familia y de todos en decirme que no me fuera con un bandido, porque llegaría el tiempo del levantamiento y me dejaría como vivo ahora. Todos los días estoy aquí, buscándote entre los mutilados, muertos y demás hombres -si les podemos decir así- que regresan de la guerra y nada que te veo, quizás porque busco en el lugar equivocado; a lo mejor tú ya hasta estás dirigiendo a la División -a los bandidos esos- porque eres muy inteligente, ha de ser eso, y por esta razón me cuesta tanto encontrarte.
Mis cabellos se han vuelto un poco blancos y no me los he colorido porque sé que te gustarían así, mi cuerpo comienza a oxidarse -a mi parecer- pues tú eras el que se preocupaba por él, tú le reparabas sus imperfectos cada noche. Los libros se empolvan, no tus favoritos que limpio a diario; las amplias hamacas me laman al descanso eterno, por eso las he descolgado, los hijos que nunca tuvimos se fueron a ayudarte para que regreses pronto.