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Cayendo



En una noche callada
de esas que mantienen fríos
lo mismo los pies 
que al alma
Margarita Martínez Morales
en medio de un montón de murmullos
que vienen de mi pensamiento
más que del exterior
soñando en el material del que están hechas
las pinturas de Dalí
sintiéndome canalla
cobarde lejano desgraciado en la batalla
gritando ante la sordera de los pueblos las naciones
pensado
siempre pensando
en la distancia entre mi nuca y la almohada
queriendo decir que nada es eterno
temiendo el sueño de los inmortales
-que sueñan con dormir para siempre un día cualquiera-
destruyendo las letras
que caen como lágrimas saladas
en el centro de esta blancura artificial
   a
       y 
          e
               n
                   d
                       o
 
siempre
           cayendo
 
¿Tú sabes qué más hay en el fondo del precipicio
donde los árboles cantan a la noche eterna
y sueñan en que la luna baña su tierna aspereza?


Mil días bajo la almohada

Juan José López Domínguez


Francisco S. Regalado, Puga
Amiga, ya sabes que nunca he sido dado a hablar de cosas de amor, que la poesía romántica es prácticamente nueva para mí... pero qué extraña es la vida algunas veces.

La primera vez que la vi quedé en un estado de indefensión que no me esperaba. Sí, es cierto, primero pensé es que estaba impresionado por una bella foto, eso era todo, pero pronto supe que iba más allá de una simple y llana admiración. Era algo más, y quizás encontré con un tanto de respuestas lejanas cuando empecé a leer tus cartas. 
     
Como te he mencionado, nunca me ha gustado mucho la metafísica, pero lo que me dijiste me puso a reflexionar. Bueno, fue más bien por momentos, porque en realidad sigo en la misma postura. Y después de tanta obsesión al respecto, llegué a varias conclusiones; en primer lugar, el amor (palabra simple y sí, bastante metafísica) no tiene porqué limitarse a un espacio-tiempo determinado. De hecho esto es algo que no va con la concepción cursi que se tiene de ello, pero mira que sí llega a ser muy útil.
     

Diciembre

Juan José López Domínguez


―¿Es que los guajolotes sufren
cuando es diciembre?
voy por las noches frías pensando
tropezando
haciendo señales al viento
para ver si se olvida un momento
de todo
y me dedica una sonrisa 

de esas a la mona lisa
sin lados aparejados
sin destronar lo contento que estoy

―aunque un tanto borracho―

Cómo inicia un poema

Ilustración: Roberto Peralta
Juan José López Domínguez


¿Cómo inicia un poema?
¿con un te amo a dos voces, 
como una declaración de guerra?








Para tocar los lienzos

Juan José López Domínguez



Esto es todo:
la tierra   el teléfono y la radio
-las hormigas   el destino y tus manos-
(gallinitas ciegas   el maíz   la distancia)

aunque quizá es nada:
el sonido   tu eco y tu espejo
quinientos pesos   unas papitas fritas  y el cielo
mi imagen corriendo descalzo   los dedos de tus manos

aunque talvez algún día:
los ojos   las letras   los días sin lluvia
el rojo   los trenes vacíos   las piedras
tus manos delgadas

que quizá son todo, nada, aunque quizá algún día,

todo depende de si estás de humor para buscar la lluvia