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Más allá del sueño

Tania Irán López Domínguez


Laura Etel Briseño
Estaba en la parada esperando el siguiente autobús pues este se había llenado. Subí y miré que tan sólo quedaban dos lugares, el mío y el de la otra persona que se adelantó para que no se lo ganaran. 
     
El viaje era largo; afortunadamente me tocó ventanilla. Pude recargarme y, cerrando los ojos, me puse a pensar. Me pareció divertido no abrirlos por cinco minutos pasara lo que pasara. Para no estar tensa y se hiciera menos el camino puse atención a todos los sonidos. 
     
Empecé escuchando chismes... que del trabajo... que de la casa... que si la política... esto me aburría; pensé que talvez si dormía sentiría más corto el viaje. Seguí oyendo el ruido de los coches, la música que llevaba el chofer, las personas que la tarareaban y luego... ¡pum!, así de repente, escuche un ruido terrible y casi estuve a punto de abrir los ojos, pero no lo hice,  y continué percibiendo muchas voces... que si está usted bien comadre... que si no le pasó nada señor... que una sirena... otra y otra. Sentí que transcurrieron los cinco minutos deseados y abrí los párpados lentamente. Para sorpresa mía, frente a mis ojos, un hombre morado, otro con orejas muy grandes, un león azul y para colmo, un elefante rosa...
     

La Cultura en tiempos de cínicos


Laura Etel Briseño
Antiguamente había en el techo de las casas el nido de un animalito llamado Pitu yu ―decía un juchiteco a otro― que servía para curar la vergüenza. Ahora ya no se les ve. ―Sí ―contestó el otro―, es que ahora tampoco hay vergüenza que curar. De esta manera los viejos juchitecos caracterizan los nuevos tiempos, tiempo de sirvegüenzas. Estos nuevos tiempos sobre todo lo padecemos quienes estamos dedicados a la cultura, algo que no es redituable para los políticos, para la cual no hay recursos; los mismos que corren como turbios ríos  cuando se trata de las campañas para ocupar los cargos desde donde se maneja el dinero y se manipula el nombre del pueblo.

Viene a cuento este chiste ahora que los jóvenes hacedores de la revista Istmo autónomo pasan apuros económicos cuando se preparan a festejar  el número primer aniversario de su publicación. Para que no se desanimen hay que recordarles que los políticos, salvo honrosas excepciones que confirman la regla, siempre le han tenido miedo a la cultura por su poder subversivo y liberador; por eso un general español cuando oía la palabra inmediatamente desenfundaba su revólver. Quienes hicimos la revista Guchachi’ Reza, como si fuera una publicación del “H. Ayuntamiento Popular de Juchitán”, nunca recibimos un solo centavo de las autoridades municipales de entonces, cuyas riquezas y miserias ahora nos son conocidas. A pesar de todo, hay todavía ejemplares de esa publicación en muchas bibliotecas que ahora inspiran a quienes empiezan su andar por los caminos de la historia y la literatura, es decir: las humanidades.

La última carta

Norma Cuéllar
Ilustración: Laura Etel



Francamente, ¿cómo fui a dar allí? Muy en la mañana estaba alzando mi pulgar en una carretera de Wyoming cuando un señor me levantó en su coche y aceptó dejarme lo más cerca posible de Canadá. Pero a medio aventón recibió una llamada en su celular miniatura y el recorrido tomó una nueva dirección. Tenía que ir a Washington de emergencia. 

–Kurt Cobain se pegó un tiro –me dijo, así tal cual.

El señor resultó ser un importante médico forense y yo quedé shockeada al escucharle la noticia. Ansiaba largarme al país de la hoja de maple y quizá perder-me del mundo, pero la ocasión ameritaba desviarme del camino de mis anhelos por quién sabe cuánto tiempo. 

– ¿Quién dijo que se disparó? –pregunté casi en automático y fingiendo total ignorancia respecto a Su Majestad del Grunge, y antes que me respondiera atiné en decirle: “Vamos a Washington”.

Tuve que mentirle al señor forense para que no sospechara de mi admiración por Kurt y descartara cualquier estúpido proceder de mi parte. Como él no podría liar con el hecho de levantar a una mexicana en medio de la nada para dejarla otra vez en medio de la nada, aceptó que lo acompañara.    

Durante el camino platicamos de mil cosas, elogió mi inglés y yo su noble gesto de llevarme. Cuando nos cansábamos de hablar sintonizábamos en la radio las últimas noticias del suicidio y tributos en memoria de la estrella caída. Yo traía mi playera con la leyenda LOSER  bajo el suéter; estaba de moda aceptar ser un perdedor. 

Laura Etel Briseño


Laura Etel Briseño, nació en el Distrito Federal el 12 de agosto de 1982. Hija de madre juchiteca y padre tijuanense. 
     Estudió la licenciatura de Artes Visuales en el Instituto Allende. Cuenta con varias exposiciones individuales, entre ellas Paisaje Doméstico (Oaxaca, Oax., 2011), y exposiciones  colectivas  dentro y fuera del país. 
     Su obra ha sido publicada en distintos medios, como la revista Bicu nisa número 4. 
     Fue seleccionada en el Encuentro Internacional de Grabado no Tóxico en Monterrey, N.L. (2009) y  fue becaria del FONCA para el intercambio de residencias artísticas en Banff, Candadá (2010). 
     Actualmente, realiza la maestría en Artes Visuales en la UNAM, con la especialidad de Grabado no tóxico pues le preocupa el deterioro del medio ambiente. 
     Le gusta promover la cultura y educación artística en niños y jóvenes.


[Imágenes publicadas en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos, suplemento cultural del Comité Melendre, Año I, N° 28, Dom 03/Feb/2013. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]