Adolfo C. Gurrión

Adolfo C. Gurrión
Gubidxa Guerrero

Contaré la historia de un joven diputado zapoteca que fue asesinado a la edad de 33 años. Se llamaba Adolfo Gurrión Carrasco, conocido simplemente como Adolfo C. Gurrión. Fue profesor y periodista. Originario de Juchitán, vivió en la Sexta Sección, así como en Cheguigo. 

Nació el 20 de octubre de 1879, justo cuando comenzaba el gobierno que dirigiría los destinos de México por tres décadas. Tal vez porque no conoció a otro presidente que no fuera Porfirio Díaz, luchó desde su juventud por la democratización de la vida política nacional.

Fue corresponsal en el Estado de Oaxaca del periódico Regeneración, que dirigían los hermanos Enrique y Ricardo Flores Magón, y que publicaban en San Luis Missouri, Estados Unidos.

A los 26 años de edad conoció el presidio. En su región natal fue perseguido por los Jefes Políticos de Juchitán y de Tehuantepec. A esa misma edad, en la ciudad de Oaxaca (principios de 1906), publicó su propio periódico al que tituló La Democracia

Fue encarcelado por el contenido de sus textos, pues a varios políticos importantes no caía bien lo que escribía el joven Adolfo. Sometido a prisión inhumana, sobrevivió ocho meses en una mazmorra conocida como Martinica en la capital del Estado.

Aunque era un apasionado de la pluma, Gurrión ejerció como profesor en varios puntos del país, desde su tierra natal hasta el norte del territorio nacional. Cuando estalló el movimiento armado de 1910, Adolfo C. Gurrión se encontraba en Baja California, en calidad de Secretario de la Inspección General de Educación, con residencia en La Paz. Pero a los pocos meses buscó incorporarse de lleno a la vida pública mexicana.

En mayo de 1911 Porfirio Díaz dejó la Presidencia de la República luego de un breve estallido social; cargo que ocuparía poco después Francisco I. Madero. 

El 2 de noviembre de 1911 inició en Juchitán una rebelión encabezada por el licenciado José F. Gómez, más conocido como Che Gómez, quien sería asesinado un mes después. Los sublevados exigían la supresión de la tutela de los gobiernos centrales sobre el Istmo, mediante su elevación a Estado o Territorio Federal. El único personaje que pudo llegar a los rebeldes, intercediendo por éstos, fue el profesor Gurrión, quien en ese entonces contaba con 32 años, pero que ya gozaba de la estima y el respeto de los paisanos. 

En 1912 contendió por la diputación federal de su Distrito natal. El voto de sus paisanos lo convirtió en Diputado de la XXVI Legislatura de la Unión, que entró en funciones en septiembre de 1912, un mes antes de cumplir los 33 años de edad.

Sorprendió de inmediato a los asambleístas no sólo por el radicalismo de su postura política, sino también por la distancia que marcó respecto la diputación oaxaqueña. Denunció públicamente el carácter reaccionario y caciquil de ésta, desmarcándose de la mayoría de los legisladores de su Estado. 

En la intervención referida expresó: 
“valía más que en aquel momento [durante la rebelión de José F. Gómez] se proclamara la independencia del Istmo, como he de tener la satisfacción de proclamarla yo algún día. Sí señores, tendré la satisfacción de ello…. La independencia del Istmo respecto del Estado de Oaxaca, lo aseguro, señores, porque el Istmo no ha esperado ni esperará nada absolutamente de los gobiernos de Oaxaca”. 
El joven diputado resultó ser, además de liberal antiporfirista, autonomista, posturas que no le serían perdonadas poco después.

En enero de 1913 Gurrión estuvo en el Istmo procurando conciliar a verdes y rojos, bandos antagónicos en que se había dividido la familia juchiteca, así como casi todas las poblaciones istmeñas. 

En febrero de 1913 se vivió un golpe de Estado en la capital del país; episodio conocido como la Decena Trágica, en el que perdieron la vida el Presidente Madero, así como su vicepresidente José María Pino Suárez.  Luego del asesinato de éstos, Adolfo siguió concurriendo a la Cámara de Diputados, manteniendo una postura independiente frente al Gobierno de Victoriano Huerta, hasta que se hizo imposible su permanencia.

En agosto se marchó de la capital en búsqueda de los revolucionarios que en el norte combatían al lado de Venustiano Carranza. Antes de embarcarse en Coatzacoalcos (antes Puerto México), decidió pasar a su región natal, donde se vivía una situación delicada, con tintes de rebelión, por la fuga de presidio del militar tehuano Alfonso Santibáñez.

Muchos tehuantepecanos se refugiaron en Juchitán por esos días, y ante la falta de garantías, el todavía Diputado Adolfo C. Gurrión decidió intervenir ante el Ministro de Gobernación Aureliano Urrutia, mediante un telegrama que a la letra decía: 
“En nombre tranquilidad esta región diríjome usted con motivo último levantamiento Tehuantepec, muchísimos tehuantepecanos pacíficos emigraron ésta y encuéntranse aquí; habiéndose presentado a Autoridades Locales. Anoche fueron aprehendidos por orden Jefe Político Tehuantepec, comerciante Ángel González e Hijo. Este hecho alarma ondamente no sólo emigrados sino también vecinos juchitecos. Creo si continúan presos señores González, emigrados tehuantepecanos marcharán diferentes rumbos por falta garantías y temor persecuciones. Háyanse aquí precisamente buscando tranquilidad. Ocurro a usted porque sé que puede evitar mayores desmanes a esta región”.
Trágica sería su suerte, pues la misma comunicación que envió al brazo derecho de Victoriano Huerta, intercediendo por sus paisanos, le costaría la vida. Al enterarse de que Gurrión se encontraba en Juchitán, Urrutia escribió el 15 de agosto al General Lauro F. Cejudo, acantonado en Ixtepec, un telegrama que decía: 
“Adolfo C. Gurrión, conocido agitador se encuentra en Juchitán haciendo labor perniciosa. Estimaré a usted por tanto, que valiéndose de los medios que estime más oportunos y eficaces, se sirva ordenar la detención de dicho individuo y tan pronto lo tenga en su poder, procure recabar pruebas de su culpabilidad y sin vacilación alguna aplíquele ‘todo el rigor de la ley’. Ya doy órdenes a este respecto al Jefe Político de Juchitán con quien suplico usted se ponga de acuerdo para hacer cumplir órdenes comunicadas”. 
El 17 de agosto, el joven diputado Adolfo C. Gurrión fue ejecutado en el pueblo de Chihuitán por una partida de soldados a las órdenes del Capitán Arturo Canseco, quien en premio obtuvo un ascenso. La versión oficial fue que se le detuvo por dirigir el “motín de Tehuantepec”, (junto con el Diputado Crisóforo Rivera Cabrera, quien no fue aprendido porque logró ocultarse), y mientras se le conducía a la capital del Estado “una partida de bandoleros asaltó a la escolta”. La clásica ley fuga. 

Por fortuna para la historiografía, los telegramas cruzados con las órdenes del artero asesinato lograron conservarse, y en ellos consta la responsabilidad intelectual del hecho: Aureliano Urrutia, Ministro de Gobernación. 

Aquí transcribimos algunos. Del 16 de agosto de 1913, dirigido al Ministro de Gobernación: 
“En estos momentos aprehendido Adolfo C. Gurrión conforme instrucciones de usted y téngole detenido cuartel ésta. Salgo inmediatamente conferenciar Jefe Armas sobre asunto y comunicaré resultado”. Firma: el Jefe Político Ignacio Dávila. 
La respuesta de Urrutia no se hizo esperar:
“Proceda usted con Adolfo C. Gurrión en los términos de mi mensaje de anoche, sin pérdida de tiempo, procurando no dar lugar a que se interponga recurso alguno. Obre desde luego a fin de evitar influencias, pero con toda discreción y sigilo. Reitero a usted mi recomendación: energía y actividad”. 
Ese mismo mensaje enviado al Jefe Político de Juchitán se le transcribió al Jefe de Armas de Ixtepec, quien tendría que dar las órdenes para el crimen. Una vez asesinado el joven Diputado, el 17 de agosto, Lauro F. Cejudo escribió al Ministro de Gobernación: 
“Hónrome comunicar a usted que hoy en la madrugada fue pasado por las armas el Diputado Gurrión y un bandido procedente de Santa Lucrecia, apareciendo del parte que rinde el Capitán Canseco que fue atacada escolta resultando muerto Diputado Gurrión y un rebelde. Recomiendo Capitán Canseco por buen desempeño de comisión”.
Hace poco más de 100 años mataron a Francisco I. Madero. Poco después ejecutaron cobardemente a un Diputado zapoteca que antepuso los ideales libertarios y autonomistas a las comodidades de la vida política. A Madero y a los hombres idealistas asesinados en 1913, nuestro reconocimiento. Al profesor Adolfo C. Gurrión nuestro respeto y admiración. 



[Nota publicada en dos partes en Enfoque Diario el domingo 17 y lunes 18 de agosto de 2014. Se autoriza su reproducción, siempre que sea citada la fuente]