Sobre la Rebelión de Tehuantepec de 1660. Amorita Rasgado, invitada

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Amorita Rasgado, invitada
Nuestros Pueblos, Nuestra Historia, programa radiofónico del Comité Melendre, dedica esta emisión a la llamada Rebelión de Tehuantepec.

Los zapotecas o biinizá de la Planicie Costera del Istmo, desde la época prehispánica, cuentan con un importante historial de movimientos bélicos, sociales o políticos para la reivindicación de lo que por derecho les pertenece: su libre determinación.

En la época colonial, en el año 1660 para ser exactos, en la otrora Villa de Guadalcázar se suscitó un movimiento que fue el inicio de otras rebeliones más para defender la autonomía de la región istmeña. El etnohistoriador y conductor Gubidxa Guerrero Luis, acompañado de la politóloga y también conductora Juquila A. Ramos Muñoz, nos trasladarán a ese momento histórico para comprender la importancia y repercusiones de tan importante suceso.

Efemérides: 22 de Marzo de 1660

El Lunes Santo 22 de Marzo de 1660, en la ciudad de Tehuantepec, dio comienzo una de las rebeliones más importantes en lo que era la Nueva España, a la cual se sumaron contingentes armados de varios grupos étnicos, y que tuvo repercusiones importantes en otras provincias.
     
La rebelión de Tehuantepec duró más de un año, hasta que fue sofocada y sus principales impulsores ejecutados o exiliados; pero sentó un precedente para las luchas por la autonomía étnica.



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Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año I, N° 34, Mar 19/Mar/2013Año II, N° 86, Dom 30/Mar/2014―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente. Puede consultarse en formato PDF desde los siguientes enlaces: https://issuu.com/guidxizapatriazapoteca/docs/no34 y https://issuu.com/guidxizapatriazapoteca/docs/no86



El 'Butaque Istmeño', un mueble de tradición

Alfa Ríos. Miguel Prieto. 1948.
Ricardo Ramos Sánchez 

Si uno tuviera oportunidad de recorrer todas las casas de Juchitán y de las poblaciones aledañas, se percataría de que, por lo menos, hay dos elementos distintivos: la hamaca y el butaque

Los butaques son sillas de madera en las que, dada su inclinación, no se puede asegurar si uno está sentado o acostado. Esta cualidad los hace imprescindibles para tomar un descanso y refrescarse por las tardes, después de que el Padre Sol ha guardado sus filosos rayos.

Algunas casas tienen por sala un conjunto de estas sillas dispuestas para convivir y mantener pláticas amenas. En muchos casos estas peculiares sillas se vuelven parte de los recuerdos más preciados de las familias zapotecas, al igual que los baúles, por la carga sentimental que guardan, ya sea porque fueron los asientos predilectos de nuestros seres queridos para disfrutar las sombras de los árboles o porque fue el regalo de una persona de alta estima. 

Aún tengo presente cómo las personas mayores colocaban sus butaques sobre las altas aceras del pueblo para ver pasar a la gente y regresar los saludos de los transeúntes. 

En Xandu', día que los zapotecas celebramos a los muertos, en algunos altares se colocan los butaques como parte de la ofrenda para que nuestros difuntos descansen del largo viaje que hicieron del Yoo ba' y puedan seguir disfrutando de los placeres que en vida tuvieron: pláticas, experiencias, comidas y sueños.