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Tiro de gracias

Lucía Bayardo


Soid Pastrana
El día que José se inició como matón el jefe de la banda le regaló un rollo de cinta adhesiva. “Para que no se te haga callo”, le dijo, “porque esto de jalar el gatillo no tiene fin”. A José le agradó la idea de tener una ampolla para recordar la sensación de poderío. Estiró la cinta y le dio dos vueltas sobre su dedo meñique de la mano izquierda: llevaría la cuenta de sus muertos encintando falanges. Todos aplaudieron su originalidad.

Ahora que apuntaba el arma con decisión se podían distinguir nueve marcas de cinta a manera de anillos. 

–No tienes facha de matón, Josecito –dijo el hombre, con los brazos elevados en escuadra.

Era el Igualado, un viejo conocido de José que recién llegaba del extranjero. Le decían así porque era de baja estatura y gustaba de fastidiar a los niños. José reía con sus compañeros de pandilla, que habían formado un círculo en torno del Igualado.