Con cariño para Xu,
mi niño temblor
Al mentiroso más grande de Guidxiguie’ le dio por visitar la Luna. Desde niño soñaba con pisar su suelo, pero hasta entonces tomó la determinación de realizar la empresa.
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| Ilustración: Óscar Martínez |
Cercano el día, comunicó a sus amigos sus intenciones, ofreciéndose, además, a traerles cualquier encargo en caso de que así lo requirieran. ―Estás loco ―le dijo a Moonge uno de sus conocidos―, ir a la Luna es muy difícil, no es como ir a Xadani o a Tehuantepec; la Luna queda muy lejos. Además, cuentan que en ese lugar hace mucho frío. Necesitarías llevar una cobija muy grande para soportarlo y tú no tienes cobijas. ―Eso es mentira ―respondió el aventurero―, allá no hace frío; de cualquier modo iré preparado: llevaré en el morral un manojo de chiles. ―Pero en la Luna hay una culebra muy grande que se come a los intrusos ―indicó otro. ―Mentira también, no es culebra lo que vive allí, sino chapulines, y a los chapulines no les tengo miedo. ―Pero Moonge ―agregó alguien más―, si vas a la Luna, ¿quién va a contarle
historias a la gente? ―Ese no es mi problema, ustedes también cuentan
historias; además, sólo iré por una semana. ―Bueno pues ―remató el último―, pero al menos dinos cómo diablos subirás. ―¡Fácil! ―comenzó a explicar emocionado Moonge―, compraré un mecate muy largo y lo lanzaré al cielo; ya que tenga bien agarrada a la Luna, comenzaré a trepar. Ante este ingenioso plan, sus amigos no tuvieron más remedio que apoyarlo y acordaron ir a despedirlo en su aventura de visitar a la esposa del Sol. Fue cuando los mentirosos de Juchitán convinieron reunirse una noche en Playa Vicente para decirle adiós a Moonge.