Resumen: El agua y el viento podrían ser los dos elementos y fuerzas de la naturaleza más significativos en los paisajes y experiencias de vida en el Istmo de Tehuantepec. De su importancia dan cuenta múltiples expresiones simbólicas, entre las cuales destaca el arte rupestre como un registro de las cosmovisiones y formas ancestrales de interacción con el entorno.
María Luisa Rivas Bringas*
Dada su ubicación geográfica y singular topografía, el sur del Istmo de Tehuantepec cuenta con condiciones ambientales únicas. Es una región sumamente diversa y contrastante en muchos aspectos. Su riqueza biológica y medioambiental también se refleja en su diversidad cultural (fig.1**), en la configuración de los territorios indígenas así como en las diferentes formas de vida que se expresan en este complejo entorno.
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Figura 1: Propuesta de distribución en el territorio de la diversidad étnica para el siglo XV |
ENTRE LAS MONTAÑAS Y EL MAR
En general, el istmo oaxaqueño se podría dividir en tres grandes espacios de vida: las montañas al norte, la amplia llanura costera al centro y el imponente complejo lagunar que se fusiona con el mar, al sur (fig.2). Estos tres espacios, aunque muy distintos entre sí, se encuentran íntimamente vinculados a través de los dos elementos y fuerzas de la naturaleza más potentes del sur istmeño: el agua y el viento (fig. 3 y 4).
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Figura 2: Mapa del sur del Istmo de Tehuantepec en donde se muestran los tres grandes espacios que conforman las región: las montañas, la llanura y las lagunas. |
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Figura 3: La amplia llanura costera con las montañas al norte. |
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Figura 4: Orilla de la Laguna Superior. |
Sin duda, los vientos son los grandes protagonistas de los ciclos estacionales, dependiendo de su dirección, fuerza y temperatura, serán los responsables de traer la lluvia o la sequía.
De noviembre a febrero dominan en el ambiente los fríos vientos del norte: los famosos “tehuanos”. Vientos provenientes del Golfo de México que entran hacia la llanura costera a través de las zonas más bajas de las montañas, soplando con velocidades que pueden alcanzar hasta 200 kilómetros por hora (fig. 5).
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Figura 5: Campo con aerogeneradores en la llanura. El viento es tan significativo en la región que el Istmo se ha convertido en un área prioritaria para la generación de energía eólica. |
En su trayecto hacia el sur, los tehuanos chocan con las montañas y descargan ahí toda su humedad. Tras haber vertido la lluvia sobre la sierra, estos vientos provocan el fenómeno inverso en la llanura, es decir, absorben gran parte de la humedad del ambiente.
Los otros vientos dominantes, los que soplan de junio a agosto, son los vientos alisios que se originan en el sur. Estos se componen por grandes masas de aire caliente y húmedo que al conjuntarse con las nubes del Océano Pacífico, provocan las lluvias de verano entre los meses de junio y octubre.
No obstante este régimen pluvial, la región de la llanura rara vez mantiene sus condiciones de humedad. Después de las lluvias, regresa la temporada de vientos fríos y secos, lo cual provoca una rápida evaporación. A esto le sigue la época más calurosa del año, cuando las altas temperaturas de primavera –que pueden superar los 40 °C– contribuyen a que el ambiente se mantenga predominantemente seco. En contraste, gracias a la dinámica de vientos antes descrita, la región montañosa recibe lluvias de forma constante, lo que hace de esta zona la de mayor humedad y exuberancia.
En cada rincón del istmo oaxaqueño, esta dinámica viento-temperatura-lluvias crea experiencias de vida muy diferentes, por lo que las comunidades asimilan este ciclo también de maneras muy particulares. En todo caso, su observación va más allá de entenderle solo como un fenómeno meteorológico, pues forma parte de los conocimientos que integran el complejo conceptual espacio-tiempo de las cosmovisiones ancestrales istmeñas. Reconocer el comportamiento de los vientos no solo ayuda a comprender los ciclos estacionales, reproductivos y agrícolas, sino también a entender cómo se construyen los distintos paisajes.
Las aguas telúricas, aquellas que emergen de la tierra y recorren las superficies, son el otro elemento esencial que vincula a los paisajes del Istmo. Es también en las montañas, gracias a sus abundantes lluvias, donde nacen y se alimentan los manantiales y los caudalosos ríos que recorren de norte a sur esta región, que surcan a su paso la superficie y subsuelo de la llanura, mientras enlazan las múltiples historias de vida que de ellos dependen, hasta confundirse sus aguas con las lagunas. Así, los manantiales a pie de monte, los humedales, los grandes afluentes y las lagunas, serán para los habitantes de la árida llanura y el entorno lagunar, las principales fuentes de agua y vida.
LA ARQUEOLOGÍA DEL PAISAJE Y LAS REPRESENTACIONES SIMBÓLICAS DE LAS AGUAS Y EL VIENTO:
Es de esperar que, en torno a los ríos, manantiales y laderas montañosas, encontremos la mayor cantidad de vestigios arqueológicos con las más interesantes manifestaciones del pensamiento simbólico en torno al agua y el viento, como es el caso del arte rupestre (fig.6). Pues estos espacios son concebidos como lugares sagrados, “delicados”; puntos de encuentro y comunicación con las entidades y fuerzas de la naturaleza, a través de la constante actividad ritual.
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Figura6: Distribución de los sitios de arte rupestre hasta el momento registrados en la región. |
Si bien el arte rupestre de la región podría tener un origen más o menos tardío –posiblemente a partir del Periodo Clásico Tardío (ca. 700 d.C.)– las imágenes nos hablan de una forma de pensamiento mucho más antigua, pero muy persistente. De ello, tres ejemplos cuyas diferencias estilísticas nos hablan de diversidad, tal vez de diferentes temporalidades, pero de una manera común de percibir y habitar este paisaje compartido.
En un abrigo rocoso ubicado en la ladera oriente del cerro Guiengola, se encuentra plasmado en tinta plana la silueta de un personaje ataviado con un gorro de forma alargada y cónica, que en su mano izquierda sostiene un elemento de forma sinuosa, tal vez una serpiente, atributos que podrían vincularle con una entidad del rayo, el viento y la lluvia (fig. 7).
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Figura 7: Pintura de un personaje ataviado con gorro cónico y que en su mano izquierda sostiene a una serpiente. Ladera oriente del Cerro Guiengola. |
En el arte prehispánico contamos con múltiples imágenes de entidades relacionadas con la tierra, las aguas, el trueno o el viento, que sostienen en sus manos hachas, objetos sinuosos o serpientes de fuego, elementos que se han asociado con el rayo como la fuerza que produce las lluvias (Pasztory 1974; Taube 1992, 19-22). El gorro cónico que porta nuestro personaje, podría también reforzar tal identidad. En la iconografía mesoamericana este tipo de tocado se ha asociado desde tiempos muy tempranos con las entidades pluviales y el trueno (Taube 2018), mientras que en tiempos tardíos los gorros cónicos serán un atributo característico de la entidad del viento, Ehécatl.
La importancia de este personaje en la cosmovisión de las comunidades del Istmo pudo trascender incluso hasta nuestros días. La tradición oral de los pueblos zoque nos habla de una entidad “rayo” habitante de las cuevas, representado por un hombre viejo con aspecto de niño que carga una cuerda que en realidad es una serpiente, la cual le ayuda a viajar por los cielos (Cordry y Cordry 1941, 61). En su crónica de Santa María Chimalapas, Carlos Muñoz (1977, 234) describe un personaje muy similar, el Sampaloque, solo que éste además porta un gran sombrero y es dueño de los animales del monte, de las pozas y los arroyos.
En el Cerro Pasión, en Santa María Mixtequilla, a poca distancia de la cima, se levanta una gran pared rocosa con vista al sur. Sobre su superficie, pintada en rojo, destaca una composición dominada por una figura antropomorfa, dibujada con líneas delgadas y de forma muy esquemática. Es un danzante de rostro ofidiano cuyos atributos igualmente podrían aludir a alguna entidad de la lluvia, el viento y el rayo (fig. 8 y 9).
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Figura 8: Pintura rupestre en ladera sur del Cerro Pasión, Santa María Mixtequilla. |
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Figura 9: Personaje danzando tras una nube de tormenta. Dibujo en digital de la pintura rupestre en la ladera sur del Cerro Pasión, Santa María Mixtequilla. |
En una de sus manos, este personaje también sostiene una serpiente de fuego, de su brazo cuelga un morral y con la otra mano tañe en lo alto una sonaja con plumas. Frente a él, se encuentra otra interesante figura compuesta por un par de espirales enmarcados por una línea quebrada. Este otro motivo, casi con seguridad, representa a una nube, pero no cualquier nube, sino una nube cargada de viento y rayo, una nube de tormentas.
Así, este personaje tras la nube, que danza y hace música, ambas expresiones, por cierto, del viento, pone en movimiento al nimbo para, tal vez, provocar la lluvia.
Una última imagen que describiré, posiblemente las más tardía de las tres, también se encuentra en el cerro de Mixtequilla, pero en un promontorio rocoso localizado en su cima (fig. 10 y 11). Se trata de una serpiente en movimiento que se dirige hacia una oquedad en las rocas. A lo largo de su cuerpo se delinean círculos concéntricos o chalchihuites, símbolo prehispánico que representa el líquido precioso. Su piel, además, está decorada con formas ondulantes, todos estos elementos característicos de la serpiente de agua.
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Figura 10: Pintura rupestre en la cima del Cerro Pasión. Santa María Mixtequilla |
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Figura 11: Serpiente de agua. Dibujo digital de la pintura rupestre plasmada en la cima del Cerro Pasión. Dado su estilo pictórico, esta pintura podría datar del Periodo Posclásico Tardío (ca. 1350) |
La tradición oral nuevamente nos ofrece asociaciones muy sugerentes. Para los pueblos del Istmo, la serpiente, en sus diferentes formas, es la entidad con la que se manifiestan los guardianes del agua. En particular la serpiente de agua, o serpiente cornuda, se concibe como la dueña de las aguas subterráneas que brotan de los cerros. Múltiples relatos de la región hablan de enormes culebras que habitan en las montañas en donde se originan los ríos y los manantiales. Cada vez que la lluvia incesante rompe las paredes de su morada, la serpiente se lanza furiosa hacia el mar, abriendo su camino con el cuerno, permitiendo así el paso y dispersión de las aguas telúricas.
La dinámica relación entre los vientos, las temperaturas y las aguas, ha sido para las comunidades del Istmo parte fundamental del sistema cósmico que permite la continuidad de los ciclos de vida y, por tanto, un motivo esencial de la ritualidad en el paisaje. El Istmo de Tehuantepec ha sufrido muchas transformaciones, mucho deterioro. La arqueología de la región nos permite asomarnos a ese paisaje antiguo y que aún se conserva vivo en la memoria de sus habitantes, y de esta forma poder imaginar un futuro que vuelva a considerar el libre desarrollo de todas las expresiones de vida.
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Fuentes citadas en el texto:
Cordry, Donald Bush, and Dorothy M. Cordry. 1941. Costumes and Weaving of the Zoque Indians of Chiapas, México. Los Ángeles, California: Southwest Museum.Pasztory, Esther. 1974. The Iconography of Teotihuacan Tlaloc. Washington D.C.: Dumbarton Oaks.Taube, Karl. 1992. "The Major Gods of Ancient Yucatan." Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology (32): 1-160. http://www.jstor.org/stable/41263477.---. 2018. "The Ballgame, Boxing and Ritual Blood Sport in Ancient Mesoamerica." In Ritual, Play, and Belief in Evolution and Early Human Societies, edited by Colin Renfrew, Ian Morley and Michael Boyd, 264-301. Cambridge: Cambridge Universityy Press.Muñoz, Carlos Muñoz. 1977. Crónica de Santa María Chimalapa. En las selvas del Istmo de Tehuantepec. San Luis Potosí: Ediciones Molina.
Bibliografía de referencia:
Berrojalbiz, Fernando. 2019. "Arte rupestre y la construcción del paisaje sagrado zapoteca en el sur del Istmo de Tehuantepec." En Cultura Zapoteca. Tradición y Renovación, editado por Eva Elena Ramírez Gasga y Juquila Araceli González Nolasco, 191-217. Oaxaca: Universidad del Istmo.De la Cruz, Victor. 2007. El pensamiento de los Binnigula ´sa ´: Cosmovisión, religión y calendario con especial referencia a los Binnizá. México D.F.: INAH, CIESAS, Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, Publicaciones de la Casa Chata.Lupo, Alessandro. 1997. "El monte de vientre blando. La concepción de la montaña en un pueblo de pescadores: los huaves del Istmo de Tehuantepec." Cuadernos del Sur. Ciencias Sociales (11): 67-78.Millán, Saúl, Andrés Oseguera, y Leopoldo Trejo. 2003. "Territorio y cosmovisión. Tres estudios de caso en el Istmo de Tehuantepec." En Diálogos con el territorio, coordinado por Alicia M. Barabas. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia.
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Publicado en la revista Arqueología Mexicana, número 191, marzo-abril de 2025, Editorial Raíces.
*Arqueóloga por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), maestra y candidata a doctora en Historia del Arte con orientación en arte indígena por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Colaboradora de los proyectos Arte Rupestre de Durango y Oaxaca, una perspectiva comparativa y La fauna en la construcción de los paisajes simbólicos: estudios de caso para la conservación del patrimonio biocultural en el sur de México, ambos de la UNAM.
**Todas las imágenes publicadas en este artículo fueron tomadas por la autora. Los mapas también fueron elaborados por ella.