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La abuela Marina


Nací en casa de la abuela Marina
vine a este mundo en parto normal
fue por la mano de doña Joaquina
Ilustración: Francisco S.
Regalado Puga
que yo dejé el lazo umbilical

Crecí jugando y reía 
no sabía más
la mano   la cara sucia 
qué felicidad


Luego el saludo   las primera letras
y con los dedos saber contar
el primer golpe de amor   la inocencia
de amarla sin besarle jamás

Al toque de la campana
en grito estallar
regreso a casa   una ruta
no sabía más

Voy hacia allá
dulce madera   mojado el pan
hondo el mirar
de negra tela el antifaz

Voy hacia allá
tirando piedra   bañado en sal
recia la faz
de marinero soy capitán

El novio del mar

Macario Matus

Toda la creación busca pareja.

Miguel Hernández

Cierto día el mar se dijo:

Quiero tener un hijo como lo tienen todas las criaturas del señor. ¿Habrase visto olvido tan grande como el mío? ¡A mis años y no tener un hijo!

He visto a un insecto con su insecta, al palomo con su paloma, al león con su leona, al hombre con su hembra: todos tienen pareja. Aunque los sabios afirmen que algunas plantas no se acarician con otras plantas. Es que no han visto cómo la callada abeja sirve de alcahueta llevando en sus alitas la fecundidad de flor en flor.

Macario Matus (d.e.p.)
A través de las playas, mis pestañas, he contemplado a los hombres decirse, prometerse cosas y la mayoría de las veces me han puesto de testigo. ¡Qué tragedia, a mi edad y estar de testigo! Pero esto no es todo. He visto otras cosas más graves, desde todos los siglos que he presidido los horizontes: a mis grandes parientes: el cielo y la tierra cuando se entretienen en grandes pláticas, entre besos y caricias como si fueran dos jóvenes casaderos. ¡Cuánto sufro al verlos decirse adiós junto a la caída de la tarde! Los sabios han adivinado que yo me encabrito, claro que me encabrito, por estas desfachateces ante mis ojos.

Sin embargo, los amantes más descarados que he conocido en mi larga y cansada existencia, han sido: el sol y la luna; se han besado ante mí y ante el mundo entero. Unas veces, ella va en su busca y otras veces él va a ella. Cuando esto sucede los sabios ―otra vez los sabios―, lo bautizan con el nombre de Fenómenos Eclípsales. ¡Sabios malditos que solapan a estos dos descarados del amor! Si el amor debe ser sagradamente en secreto y sin ojos furtivos. Naturalmente que yo, el inmenso mar de agitadas trenzas me encabrito, cuando los besos que se dan los anuncian de antemano, y los prolongan en sendos minutos: todo se calma en la vida y hasta los pobres lunáticos son afectados en este acariciamiento universal.

Guendanabani sicarú

Judith Santopietro



A Macario Matus y su espíritu zapoteca que va a todos lados.

Ilustración: Francisco Santiago
Regalado Puga

Veo tu larga cabellera enredada en los listones
los peces con su piel de plata 
                                                  al sol 
parecen un espejo 
de tus pómulos salientes,
recorres las calles 
con tu cuerpo de flores hiladas 
                                                 una tarde de calor 
tan intrépido
igual que si buscaras a tientas en la oscuridad
tu primer rostro.

Coyolicatzin se llamaba Quetzalcóatl


Ilustración: Francisco S.
Regalado, Puga
Uno de los aspectos más importantes de los zapotecas es su historia. Y si bien es cierto que nuestra historia es milenaria, también es verdad que con el transcurrir de los siglos ésta parece olvidarse. Para nuestros ancestros la historia fue fundamental, pues servía de guía orientadora a las sucesivas generaciones. Y para conservarla, los binnigula’sa’ (zapotecas antiguos) tallaron estelas, pintaron murales, códices, y la transmitieron de manera oral.

Pero la historia no siempre relata fielmente los acontecimientos; por lo que continuamente tiene que reescribirse, conforme nuevos hallazgos enriquecen el acervo documental de un pueblo o de cierto periodo. Tal es el caso de las narraciones populares sobre la guerra entre aztecas y zapotecas, o sobre la vida de los últimos reyes de Tehuantepec. Mucho se ha escrito al respecto, por lo que en esta ocasión me enfocaré a un solo detalle: el nombre de la esposa de Cocijoeza ('Rayo de pedernal') y madre del último monarca zapoteca.

La versión más difundida que no por eso tiene que ser veraz, afirma que se llamó Coyolicatzin ('Copo de algodón'), y que perteneció a la familia gobernante de México Tenochtitlan. Y efectivamente, dicha mujer estaba emparentada con los dirigentes del reino mexica, pero no se llamaba Coyolicatzin, sino Quetzalcóatl.

Mil días bajo la almohada

Juan José López Domínguez


Francisco S. Regalado, Puga
Amiga, ya sabes que nunca he sido dado a hablar de cosas de amor, que la poesía romántica es prácticamente nueva para mí... pero qué extraña es la vida algunas veces.

La primera vez que la vi quedé en un estado de indefensión que no me esperaba. Sí, es cierto, primero pensé es que estaba impresionado por una bella foto, eso era todo, pero pronto supe que iba más allá de una simple y llana admiración. Era algo más, y quizás encontré con un tanto de respuestas lejanas cuando empecé a leer tus cartas. 
     
Como te he mencionado, nunca me ha gustado mucho la metafísica, pero lo que me dijiste me puso a reflexionar. Bueno, fue más bien por momentos, porque en realidad sigo en la misma postura. Y después de tanta obsesión al respecto, llegué a varias conclusiones; en primer lugar, el amor (palabra simple y sí, bastante metafísica) no tiene porqué limitarse a un espacio-tiempo determinado. De hecho esto es algo que no va con la concepción cursi que se tiene de ello, pero mira que sí llega a ser muy útil.
     

Carta para Macario Matus

Gerardo Valdivieso Parada

La ciudad cambia irremediablemente
es el mismo sol que cuelga todos los días
pero el pueblo ya no es, es otro, es ajeno.
Juchitán se pierde entre palazos de tierra
el oro de tu pensamiento lo enterramos ya,
lo que permitiste ver fue apenas un rayo 
ya todo se agolpa en el paraíso 
de los recuerdos entrañables:
el panteón alumbrado de quinqués
el son bajo la enramada al mediodía
los callejones de polvo y de excremento endurecido 
los niños y los puercos sobre la tierra seca
el río, las lagunas, en donde viste 
la sonrisa de una hendidura rosada.

Francisco Javier Santiago Regalado, Puga


Nació en Guidxiguié’, Guidxizá (Juchitán, Nación Zapoteca) en 1959. En 1983 incursionó en la plástica de forma autodidacta al integrarse al taller del maestro Delfino Marcial Cerqueda, donde aprendió diversas técnicas. Posteriormente realizó grafitis y murales efímeros con la Asociación de Pintores del Istmo de Tehuantepec.
     Puga incursionó en las técnicas pictóricas en el Taller de Artes Gráficas de la Casa de Cultura de Juchitán. En grabado en metal y la elaboración de papel hecho a mano lo hizo con el maestro Juan Manuel de la Rosa.
     Su obra forma parte de colecciones privadas en México, Estados Unidos y Alemania. Asimismo ha expuesto en muestras individuales y colectivas dentro y fuera del país.


[Imágenes publicadas en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos, suplemento cultural del Comité Melendre, Año I, N° 23, Lun 31/Dic/2012. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]