[Cartel publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 71, Dom 01/Dic/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
¿Cómo se fundó Santiago Xanica?
Beatriz Cruz López
Esta semana la Biblioteca Digital de Historia Zapoteca, proyecto del Comité Melendre, recomienda el libro de Damián González Pérez titulado: Las huellas de la culebra. Historia, mito y ritualidad en el proceso fundacional de Santiago Xanica, Oaxaca.
En este trabajo, el autor estudia el proceso fundacional de Santiago Xanica, pueblo zapoteca de la Sierra Sur, y para ello se centra en dos aspectos: los relatos y mitos asociados a dicho proceso, y los ritos y ceremonias vinculados a la renovación del poder local y a las peticiones agrícolas.
Ra ga’chi guipi’ / Donde está enterrado el ombligo
Ra ga’chi guipi’
Martín Fuentes Castillo
Gule baduhuiini’, badu ri’ni’,
ra zubadi’ ma binadia’ga’ stidxi,
Biuu tu guni’: “gule ti lexu huiini’,
bichiña laabe jñaa, ti icaabe niidxi”.
Guze, bia, gucu xhaba, nisiaasi’.
Rului’ bido’ nexhe’ ndaani na’ jñaa.
Deche yoo gulaa. Guipi’ cheigaachi’,
pumpu yu ma da’gu’ bladu yu ruaa.
Rúnanu rini’ bixhozenu ne jñaanu:
“Xhiiñe’, li’dxu’ ne xqui’dxu’ gunaxhii,
rari’ gúlelu’, ga’chi’ xquipilu’”.
Ngue runi ora xquidxi dxu’ canazanu
ribananu xquidxinu ne rului’
nácanu casi yaga gucuaa xcú.
Donde está enterrado el ombligo
Martín Fuentes Castillo
Nació el nene, la criatura,
desde donde estoy sentado oí su llanto.
Alguien dijo: “nació un niñito orejas de conejo,
acércalo hija, para que le des pecho”
Lo bañaron, asearon, vistieron, ya duerme.
Parece santo entre los brazos de su madre.
Detrás de la casa se excavó un hoyo. Se va a enterrar el ombligo,
la ollita que lo contiene ya está cubierta con un plato de barro.
Oímos que dicen nuestros padres:
“Hijo, quiere a tu casa y a tu pueblo,
aquí naciste, aquí está enterrado tu ombligo”.
Por eso cuando vivimos en tierra lejana
sentimos nostalgia por nuestro pueblo y parece
que somos como árbol de raíces profundas.
[Poema publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 71, Dom 01/Dic/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo, publicado originalmente en Istmo Autónomo (hoy Revista Guidxizá), Año I / Nº 5, Marzo-Abril de 2005. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Gráficos 71: Roberto Peralta
Roberto Peralta
Nació en Juchitán, Nación Zapoteca, en 1977. Es licenciado en Derecho y artista plástico.
Con respecto su quehacer artístico tomó cursos en la Casa de la Cultura de Juchitán (1991-1996) y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).
Ha participado como ilustrador en Palabrarte (2006), Revista Guidxizá (2007), Unión Poética (D.F., 2006) y en Expresión Universitaria (UABJO, 2005). Ilustró los libros Oaxaca, el de los siete moles (Casa de la Cultura Oaxaqueña, 2005) y Los humanos mueren sonriendo (Ediciones Guidxizá, 2007).
Ha participado en exposiciones colectivas e individuales en diversos espacios culturales y universitarios. En 2003, la Facultad de Derecho de la UABJO le otorgó un reconocimiento por la exposición “Jóvenes Creadores Plásticos”, de ese año.
Su obra se ha expuesto en diversas ciudades del país y del extranjero. Actualmente es el Director de la Galería Central Universitaria, de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UABJO, labor que desempeña paralelamente con la de creador plástico.
[Imágenes publicadas en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 71, Dom 01/Dic/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Nació en Juchitán, Nación Zapoteca, en 1977. Es licenciado en Derecho y artista plástico.
Con respecto su quehacer artístico tomó cursos en la Casa de la Cultura de Juchitán (1991-1996) y en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).
Ha participado como ilustrador en Palabrarte (2006), Revista Guidxizá (2007), Unión Poética (D.F., 2006) y en Expresión Universitaria (UABJO, 2005). Ilustró los libros Oaxaca, el de los siete moles (Casa de la Cultura Oaxaqueña, 2005) y Los humanos mueren sonriendo (Ediciones Guidxizá, 2007).
Ha participado en exposiciones colectivas e individuales en diversos espacios culturales y universitarios. En 2003, la Facultad de Derecho de la UABJO le otorgó un reconocimiento por la exposición “Jóvenes Creadores Plásticos”, de ese año.
Su obra se ha expuesto en diversas ciudades del país y del extranjero. Actualmente es el Director de la Galería Central Universitaria, de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UABJO, labor que desempeña paralelamente con la de creador plástico.
[Imágenes publicadas en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 71, Dom 01/Dic/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Guidxizá (suplemento), Año II, N° 70 - Dom 24/Nov/2013
EDITORIAL 70
Pocas cosas nos alegran más que ver a cientos de personas reunidas para disfrutar de una actividad cultural. Mirar a niños, jóvenes y adultos congregados para escuchar atentos los cantos con mensaje de paisanos y amigos de otras latitudes, brinda una sensación magnífica. Dentro de las prioridades del Comité Melendre está construir alternativas recreativas, así como vincular a los artistas con el pueblo.
Nos da inmenso gusto haber convivido con los hermanos de la Col. Lorenza Santiago y demás vecinos de la Séptima Sección de Juchitán, que se congregaron para presenciar el VIII Festival Cultural Neza Lidxe’, que tuvo danza, música y poesía.
En esta ocasión Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos comparte una grata noticia para nuestro idioma y para las artes en general: en breve se presentará la primera ópera cantada en zapoteco: Dunaxhii. También reseñamos la actividad de esta semana, que reunió a cientos de personas. Retratos de Nuestra Historia nos presenta a Na Marcelina, comerciante blaseña que a sus más de ochenta años continúa mercando. La Revista Guidxizá reproduce un poema de Natalia Toledo. En los Gráficos presentamos a Pedro Hernández, joven artista originario de Unión Hidalgo.
El arte, la cultura popular y la sana convivencia son magníficas alternativas para la ciudadanía. Cuando ésta se suma a la organización de actividades que alimentan el espíritu el resultado es excelente; como en Neza Lidxe’, en que vecinos y Comité Melendre caminaron juntos.
[Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 70, Dom 24/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Se estrenará Dunaxhii, ópera en zapoteco en 3 actos
*El Teatro Macedonio Alcalá será sede de su presentación.
Dunaxhii es una ópera en tres actos, basada en la leyenda de la princesa zapoteca Donají, quién ofrendó su vida por amor a su pueblo y cuya imagen es actualmente el escudo oficial de la ciudad de Oaxaca de Juárez. Con música de Roberto Morales Manzanares y libreto de Enrique Guajiro López, es la primer ópera cantada en idioma zapoteco, cuya traducción fue realizada por la poeta juchiteca Irma Pineda.
Para la puesta en escena de Dunaxhii se cuenta con la participación del Ensamble de música Liminar, los cantantes: Lourdes Ambriz, Josué Cerón e Iván Montes y los bailarines: Olivia Luna, Gabriela Guerra y Rafael Rosales; todos bajo la dirección concertante de Emil Awad, y escénica de Marco Antonio Silva.
Además de las nuevas propuestas estéticas, Dunaxhii hace aportaciones tecnológicas significativas como son: el Sistema de Composición Algorítmica de Rastreo y Movimiento y el Sistema de Especialización en 3D, ambos diseñados por Roberto Morales.
El estreno de esta obra se llevará a efecto los días 28 y 29 de noviembre próximos, en el Teatro Macedonio Alcalá de la ciudad de Oaxaca, en el marco del Festival Eduardo Mata, que coordina la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca.
Dunaxhii cuenta, para su estreno en Oaxaca, con las aportaciones del Centro Nacional de las Artes, el Centro Multimedia del CENART, la Escuela Superior de Música, el Fondo Nacional para la Cultura y la Artes, el Centro de las Artes San Agustín y el Festival Eduardo Mata de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca.
[Nota publicada en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 70, Dom 24/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Rotundo éxito el VIII Festival Cultural Neza Lidxe’
*Más de 300 personas asistieron a esta actividad cultural organizada por el Comité Melendre en coordinación con vecinos y autoridades de la Col. Lorenza Santiago.
El jueves 21 de noviembre se realizó, por octavo año consecutivo, un Festival Cultural en la Séptima Sección de Juchitán organizado por el Comité Autonomista Zapoteca “Che Gorio Melendre”, en coordinación con los vecinos y autoridades de la Col. Lorenza Santiago.
Na Marcelina. Abuela mercante
| Marcelina López. Foto: Victoria Guzmán Cabrera |
Victoria Guzmán Cabrera
Retratos de Nuestra Historia ―proyecto del Comité Melendre― les presenta esta preciosa postal de una abuela blaseña.
Na Marcelina López López (86 años) es originaria de la Villa de San Blas Atempa, Patria Zapoteca. Na Marcelina es madre de cinco hijos, que junto con su esposo Victoriano Quecha (+), creció y educó con base en el esfuerzo y el trabajo.
Na Marcelina, como muchas de las mujeres zapotecas, se dedica al comercio. Nuestros pueblos zapotecas, principalmente los que se ubican en la planicie costera del Istmo de Tehuantepec, se han caracterizado por sus mujeres vendedoras. Los mercados son ocupados por las mujeres, quienes acuden de muchas partes a ofrecer sus productos. Tal es el caso de Na Marcelina, que lleva más de 50 años de su vida vendiendo en los mercados. Entre los más visitados por ella se encuentran el de Tehuantepec y Juchitán, respectivamente.
Los años han hecho que esta actividad sea fundamental en su vida, así que aún se levanta al alba y acude a mercar.
Na Marcelina es una muestra de que el carácter se construye con el trabajo, porque honra y dignifica nuestras vidas, que ella han trazado honestamente. Es nuestro deber como parte de las nuevas generaciones enaltecer ese legado; por lo que el Comité Melendre toma como compromiso hacer honor a la vida de nuestros ancianos.
[Reseña publicada en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 70, Dom 24/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Cartelera 70
[Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 70, Dom 24/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Gráficos 70: Pedro Hernández
Pedro Hernández
Nació en Unión Hidalgo, Nación Zapoteca, el 3 de noviembre de 1989. Terminó los estudios de bachillerato en el COBAO, plantel 15. Su formación plástica es autodidacta. Su trabajo va enfocado al concepto del entorno ecológico, buscando proponer nuevas tendencias en la plástica en superficies orgánicas.
Entre sus exposiciones individuales se encuentran: Arte oscuro (Galería Gubidxa. 2007), Evidencias de nuestro pasado 1 (Galería Gubidxa. 2008), El arte en dosis precisas (Instituto Tecnológico del Istmo. 2008), Evidencias de nuestro pasado 2 (Galería Gubidxa. 2010), Provocación sonora (Radio Azul FM. 2011), entre otras. De manera colectiva participó en Bocados de libertad (Culturarte y Calles y Sueños. 2013).
Ha colaborado con diversas instituciones educativas, de distintos niveles, impartiendo talleres de reciclado y artes plásticas. En agosto del año pasado trabajó un proyecto con alfareros de Asunción Ixtaltepec, esperando emprender un proyecto similar para su población.
Actualmente tiene un taller de arte en la Casa de la Cultura de Unión Hidalgo que lleva por nombre “Picasso para niños” que va en su tercera generación. Es colaborador de la Galería Gubidxa, de fundó y dirige el profesor Víctor Fuentes en la misma localidad.
[Imágenes publicadas en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 70, Dom 24/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Guidxizá (suplemento), Año II, N° 69 - Dom 17/Nov/2013
EDITORIAL 69
La divulgación de nuestra cultura zapoteca es tarea primordial para el Comité Melendre. A lo largo de varios años hemos aprendido a valernos de distintos medios, como el papel y las actividades culturales. Pero tampoco desdeñamos el uso del Internet y las nuevas tecnologías.
Desde hace un tiempo producimos un programa radiofónico, que hace cuatro años y medio adoptó el nombre de Nuestros Pueblos, Nuestra Historia, en donde hemos tenido oportunidad de dar a conocer episodios históricos relevantes para nuestro pueblo. Nos alegra sobremanera poder hermanarnos con una radiodifusora de Unión Hidalgo, que de manera altruista cederá una hora en su programación para que los temas, cantos e invitados nuestros lleguen a más paisanos.
En esta ocasión Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos comparte un relato de Gerardo Valdivieso Parada, escritor juchiteco que visitó la tierra de los hombres de mar, los ikoots. El texto se publicó originalmente en la Revista Guidxizá hace algunos años. Beatriz Cruz, Responsable de la Biblioteca Digital de Historia Zapoteca recomienda un artículo acerca del pasado colonial de la región istmeña, que trata de milicias y una minoría étnica de la que sabemos poco. Juquila Ramos nos invita a escuchar la más reciente emisión del programa radiofónico del Comité Melendre, en la que se tuvo de invitado a Rafael Gamboa. En los Gráficos presentamos a Manos Sucias, colectivo de Santo Domingo Tehuantepec.
La música, el saber histórico, el idioma zapoteco y la literatura son algunos de los pilares de nuestra cultura. Sostienen la casa que nos da cobijo. Mientras algunas paredes se agrietan, estos pilares la mantienen en pie. Por ello es importante fortalecerlos.
[Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 69, Dom 17/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
'Nuestros Pueblos, Nuestra Historia' por Estéreo Rey del Istmo, 98.3 FM
*A partir de la segunda semana de noviembre estará transmitiéndose desde Unión Hidalgo todos los jueves de 18:00 a 19:00 horas.
El programa radiofónico Nuestros pueblos, Nuestra Historia ―uno de los 12 Proyectos del Comité Melendre―, llega a la radio comunitaria Estéreo Rey del Istmo, a través del 98.3 de FM, en Unión Hidalgo, Nación Zapoteca.
Después de haber alcanzado su meta anual, con invitados de lujo, como Javier Castellanos, Natalia Toledo, Tlalok Guerrero e Irma Pineda, y con 33 programas al aire, Nuestros pueblos, Nuestra Historia trae a ustedes otra buena noticia.
A partir de la segunda semana de noviembre, Estéreo Rey del Istmo se suma a las estaciones que difunden la hora de la Nación Zapoteca dentro de la patria binnizá. Los pobladores de Ranchu Gubiña (Unión Hidalgo) podrán escuchar Nuestros pueblos, Nuestra Historia todos los jueves de 5 a 6 de la tarde, por esta frecuencia.
Nos alegra de sobremanera que más estaciones de radio se sumen a este Proyecto del Comité Melendre, en el que pueden escuchar música, historia y todo el quehacer de los zapotecas. Les recordamos que nos pueden escuchar en Ixhuatán a través de Radio Guidxi Yaza; en Juchitán, a través de Radio Punto Crítico, Radio Comunitaria Totopo, Radio Ceseeo, Radio Guadalupana, en Xquenda Radio; en la ciudad de Ixtepec, por Radio Universitaria IESIT; en Laollaga, a través de Radio Manantial; en la población de El Espinal por Xtiidxanu Radio; en Xadani y Álvaro Obregón, desde Radio Xadani. Los habitantes de San Blas Atempa pueden sintonizarnos a través de Radio Dani Beedxe’; en la ciudad de Tehuantepec por Sandunga Stereo y Radio Guendalisaa; en los Valles Centrales llega el programa hasta San Pablo Güilá, mediante La Voz de Güilá, y en San Agustín Etla a través de Estéreo Manantial. Casi todas transmiten, también, por Internet, así que llegamos a más oídos a través de la tecnología. Todo con el fin de crear lazos entre todos los zapotecas.
Los invitamos a sintonizarnos por su estación de radio favorita.
[Nota publicada en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 69, Dom 17/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
Crónica de un viaje a la cercana pero remota tierra de los monteok
Gerardo Valdivieso
(Relato publicado originalmente en la Revista Guidxizá, Año III / Nº 11, Enero-Marzo de 2006).
Esa noche, Delfino Marcial Cerqueda iba a inaugurar una exposición en el centro nocturno Bugambilia. Para acompañar con música aquella exposición, en que no faltaban las imágenes marinas, acudimos en la mañana a la terminal de autobuses para recibir a unos señores que para el maestro Cerqueda evocaban mejor el espíritu de los sonidos del mar.
Ya en la noche y a unas horas de la presentación, los cinco músicos, incluido el maestro Apolinar Figueroa, literalmente temblaban del nerviosismo, batallamos mucho para comprenderlos cuando nos hablaron del ambiente que existe en las ceremonias que presiden, hasta que el maestro Delfino mandó por botellas de ron y brandy, deduciendo que no hay ceremonia sin alcohol.
Ese era el elemento que faltaba para que se sintieran como en casa y como si estuvieran en la celebración de Corpus Christi. Después de que desfilaron los músicos juchitecos, se anunció su actuación: “Los músicos tradicionales de San Mateo del Mar”. Dirigidos por el maestro Apolinar, quien empezó con la llamada de atención o registro en su flauta, se anunciaron los sonidos alternantes de los caparazones de tortuga, el redoblante y la tambora.
El son del pez espada fue la primera pieza, grabada desde 1972 por Arturo Warman en un disco editado por el INAH y posteriormente interpretada por el grupo de Los Folkloristas, se escuchó inigualablemente en el escenario del Bugambilia.
Sobre las caparazones de tortuga cabalgaron armoniosamente los cuernos de venado, ritmo mucho más elaborado que el cadi'pándeu, cadi'pándeu de los sones zapotecos sobre la tortuga, su ejecución implica coordinación de los dos ejecutantes, que realizan un ritmo intrincado. Acompañados del retumbar de los tambores de doble parche, dejaron muy atrás el elogio de Delfino. No eran simplemente sonidos marinos: en las piezas se podía escuchar los relámpagos de la batalla de los prodigiosos señores del rayo, los monteok, contra sus rayos enemigos, los monteok moel; y en otras se oía el roce de las enaguas sobre las nubes de las müm ncharrek, las señoras viento del sureste.
Se suspendió el sonido de los caparazones, la flauta de tres orificios se sustituyó por una de siete para preparar la danza ritual “de la culebra”, en la que se imita los quejidos de la gran serpiente con cuerno ndiük, conocido por los binnizá como benda yuuze. Del vientre de las montañas nace este dragón con lengua de oro arrastrando consigo todo el poder de las corrientes del agua, su zigzagueante amenaza llevará a la hecatombe hasta que el señor del rayo, que la acecha entre las nubes, la llama desde el cielo, sólo para cortarle la cabeza de un flechazo.
Como el cielo en la noche de las lagunas istmeñas es de los monteok, la noche en el Bugambilia fue de sus músicos. Discurrimos del bar a la casa de la poeta Natalia Toledo; ahí entre garnachas, tlayudas y caguamas, se armó tal barullo que los vecinos llamaron a la policía y si no fuera porque entre los escandalosos estaba el entonces senador Héctor Sánchez López, nos hubieran interrumpido la fiesta.
Pasaron muchos años para cumplir la promesa que les hice a los músicos de San Mateo de visitarlos. Era la fiesta de La Candelaria cuando llegué al pueblo que está entre la laguna inferior y el mar vivo. Había un tianguis en el centro entre la Iglesia y el Palacio Municipal, dominado por los zapotecas. Compré unos icacos que me recordaron mi niñez y las arrugadas manos de mi abuela. Me encaminé a la iglesia. En la entrada estaban cuatro campanas, una de las cuales suscitó la pelea con los antiguos habitantes de Juchitán, en la que finalmente, otra vez los monteok, rápidos como los rayos que son, la rescataron para permanecer resguardada hasta ahora frente a su iglesia.
En el atrio divisé al maestro Apolinar Figueroa que no se acordó de mí. Trataba de recordar los nombres de los demás músicos cuando nos interrumpió una persona que contrastaba con los demás que vestían sus mejoras ropas, aquella persona tenía la camisa y el pantalón sucios, el pelo y la cara sin lavar, como uno de esos borrachines que inoportuna para pedir una moneda; sin embargo sus gestos eran serios y el maestro le prestó mucha atención, como si fuera un mensajero importante.
Fui invitado especial del maestro Poli, con derecho a entrar bajo la enorme campana junto a los demás músicos, que se persignaron ante dos viejas cruces que presiden en el campanario. Empezó la música pero sin los caparazones de tortuga, que son percutidos solamente en Corpus Christi, día cercano al solsticio. En el umbral vuelve la persona de aspecto desaliñado, saluda a todos: “Dios teat”, para luego comunicarle nuevos ordenamientos al maestro en su lengua.
Todos se levantan y el maestro me dice, “vamos a la casa del mayordomo, ¿quieres ir?”, “por supuesto” le respondo. En la calle nos esperan los señores principales con sus bastones de mando, acompañados por los topiles, (los encargados de la seguridad, cargan con tremendos palos por cualquier inconveniencia). Los músicos y yo, encabezados por el maestro, nos dirigimos en procesión a la casa del Mayordomo, sin apresuramiento parando en cada lugar sagrado marcado con cruces o capillas en donde todos se persignan. Acompañando a la procesión, pero sin integrársele y que parecía dirigir a todos, era aquél hombre desarreglado, como si le fuera dado mandar ese día.
Cuando llegamos a nuestro destino, todos entraron, menos los músicos. Quedé a la expectativa, hasta que salió de nuevo el señor harapiento que después de ordenar todo para la instalación de los músicos los invitó a entrar. El maestro me hizo un gesto con la cabeza y entré tras él. En el patio había una enramada de carrizo y piso de tierra a la que habían echado arena, se acomodaron unos bancos rústicos largos y una mesa grande. Los músicos empezaron a saludar a las personas presentes con su clásico saludo (“Dios teat” a los hombres y “Dios tma” a las mujeres), yo como no sabía esto aún, les di los buenos días, al cual me respondieron con un gesto de leve desconcierto.
Me senté en uno de los largos bancos, (que me recordó otra vez mi niñez cuando en Juchitán se rentaban para los eventos sociales, hasta que llegaron las sillas de las cervecerías) a lado de los músicos. Los estaba oyendo platicar, cuando se acercó una señora, que después supe que era la mayordoma; saludó a todos, uno por uno “Dios teat”, “Dios teat” y “Dios...” suspendió su saludo al verme, pero tampoco se inmutó. No preguntó a nadie sobre mi procedencia ni de cómo llegué hasta su patio. Se mantuvo la plática un buen rato hasta que el maestro se levantó y salió de la casa, sin decirme nada. Lino Degollado me explicó, que la mayordoma pedía que tocaran con los caparazones, que sabía que no se acostumbraba pero rogaba hicieran una excepción; así que el maestro fue por los dos carapachos.
Mientras se ordenaba la mesa y se colocaban las sillas, alguien efectúo un gesto afectivo indígena, extinguido ya en Juchitán, suplido por la llave del agua: ofrecer cubeta y jícara en mano, agua para lavarse. Un rito parecido al lavatorio de los pies se representó bajo aquella enramada. Mientras tanto en la mesa ya se colocaban tortillas y platos con cheguiña. Nos invitaron a la mesa y empezamos a comer. Cuando terminamos, el mismo señor de la cubeta de agua y la jícara hizo repetir el ritual. Ya de nuevo en nuestros lugares nos ofrecieron una jícara muy grande con espuma o bupu.
Al rato llegaba el maestro con los caparazones y empezaron a tocar con entusiasmo. Llegaban los invitados, la mayoría al ver que se me trataba con familiaridad, desinhibidos por el mezcal que circulaba sin cesar, me hablaban en su lengua; cuando veían que no les entendía me preguntaban si no entendía “el idioma”, agotando conmigo sus conocimientos del castellano.
Pasaron las horas, llegaban más personas que a veces sustituían a los músicos. Llegado un momento, las botellas de mezcal y los paquetes de cigarros entregados casi con reverencia al maestro Poli por aquel organizador de las formas, o sea el señor con aspecto descuidado, se agotó. Volvió la persona citada con una nueva reserva de mezcal y cigarros.
El mezcal hacía sus efectos, mientras la tarde “se hacía hueso”. Hasta los más silenciosos se volvieron platicadores. Lo mismo se reía que se soltaba el llanto, hasta que llegó un momento crítico para los organizadores: se acabó el mezcal. Regresó otra vez el que tenía el aspecto de borrachín, frente al maestro Poli con un cartón en las manos, haciendo todo lo posible para que aquel indignado músico aceptara las cervezas. Nos acabamos las cervezas al tiempo. Nos llegó la noche y al sureste, en la montaña en donde se cree residen los monteok, estaba oscuro, resplandecía de vez en cuando por los machetazos de sus rayos entre las nubes.
Recuerdo levemente que volvimos otra vez a la iglesia en donde se quemaron fuegos de artificio. De tanto mezcal y cerveza, no recuerdo haber realizado el largo camino de regreso; pero al siguiente día estaba en mi casa, con la flauta de carrizo de maestro Poli como regalo.
[Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 69, Dom 17/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]
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