Hilo del que nos colgamos

Santiago Ruíz Santos

                Hilo del que nos colgamos
liana para golpear
                cabello para suicidarse
alambre que forja heridas
                 ritual que salva al muerto
fácil columpio
                 hamaca para románticos
chicote para masoquistas
                 prenda erótica
correa para humanos
                 línea de desahogo
                        largo hombro para sostenerse.


Nos nublamos

Sonia Prudente López


Nos nublamos
y hasta la suerte de los enfermos
es mejor que las de los perdidos.

Para humedecernos, 
cada vez que la respiración nos falte
Esa respiración que con  la soledad
Nos acapara como puta de cantina
entonces 
-Todo cae entre nuestras piernas-.

La abuela Matilde

Dalthon Pineda
Dalthon Pineda

A Tonita y Daniel, 
que tanto gustan de mis cuentos

La diabetes se devora en añicos a mi abuela Matilde. Ella dice entre bromas que su enfermedad cabrona prefiere comerse primero los dedos de los pies y le deja los de las manos para todavía poder desgranar la mazorca.

La Carambada: ¿asesina de Benito Juárez?

Juan Manuel López Alegría

“Tocóme la fortuna de haberme sentado a la derecha del Presidente de la República, a quien procuré atender con galantería, no sin depositar furtivamente en su copa el fatal dedalillo que debería conducirlo al sepulcro. Me pareció que ninguno de los comensales me vio vaciar el tóxico en la copa del Presidente”.

Esas palabras las pone Joel Verdeja Sousse (después será Soussa) en boca de Oliveria del Pozo, personaje principal de su libro La Carambada. Realidad mexicana  (Editorial Polis. 1941), y con ello comienza el mito de que Benito Juárez murió envenenado con “veintiunilla”, la yerba que mata a los 21 día de ingerida. 

El buen Santi

Ilustración de Roberto Peralta
Ricardo Amadeus Morquecho Toledo

El tiempo se le iba, entre discursos mentales e imágenes violentas de un pasado a su lado, donde la súplica tomaba forma de miseria y su indiferencia de verdugo. El tiempo no le perdonaba los flagelos y desorientaba cada parte de su conciencia. Y es que él estaba desesperado, cansado y mermado de inquietudes que se presentaban como figuras y texturas. Él no olvidaba ni un momento su presencia; ese dulce aliento y esas tardes memorables. Parecía que su vida caducaba y la lucidez era evidente; se le notaba a lo lejos lo moribundo y ojeroso de pensar. Nadie sabía qué tenía.

Lo veía salir de su casa, desde temprano, cuando que me despertaba para ir a la escuela primaria. Cada vez se le veía más delgado y en algunas noches se escuchaba sollozando entre paredes y luces de ciudad. Nunca fui su amigo y mucho menos me había tomado el atrevimiento de hablarle, pero se veía tan mal que daban ganas de darle consuelo. Claro que yo, siendo un joven, desconocía muchos de los dolores de la vida (me habían dado golpes en la cara y pisotones al jugar a la pelota, pero una herida del alma era desconocida para mí hasta ese entonces).

“Canciones del pueblo y la ciudad”, recital de Ricardo Amadeus


Gubidxa Guerrero | *Algunos videos del evento se encuentran en la parte inferior del artículo.

El viernes 10 de abril de 2015, por la noche, se realizó un recital de música en el Centro Cultural Herón Ríos. Dicha actividad artística se enmarca en lo que ha sido la tradición de escritores, músicos y pintores zapotecas desde hace aproximadamente ochenta años.

Ricardo Amadeus y la trova zapoteca que viene


Diana Manzo

JUCHITÁN.- Siempre será motivo de alegría y orgullo que las nuevas generaciones traigan la vena artística arraigada como otrora nuestros antepasados binnigula'sa'. Macario Matus ya lo decía: “En Juchitán o son pintores, poetas o músicos”. 

Los géneros literarios en diidxazá o la posibilidad de una retórica zapoteca

DATO.- 
Víctor de la Cruz fue uno de los más destacados pensadores binnizá. Doctor en Estudios Mesoamericanos y Profesor-Investigador del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS). En 1968 fundó, junto con Macario Matus, la revista Neza Cubi, y posteriormente fundó y dirigió la célebre Guchachi’ reza. Autor de libros de historia, poesía y narrativa. En 1994 se hizo merecedor del Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas, y en 2012 pasó a formar parte de la Academia Mexicana de la Lengua. Falleció en 2015

Artículo publicado en la Revista Guidxizá número 10, correspondiente al período Octubre-Diciembre de 2006, tomado a la vez de Políticas lingüísticas en México, Beatriz Garza Cuarón (coord.), La Jornada ediciones, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades / UNAM.

Montebello en Tehuantepec

Ilustración de Manuel Cabrera
que acompañó la publicación de este poema.
Víctor de la Cruz

Yo pensaba que tus ojos eran azules,
y sólo son negros como la noche
o del color que tú quieras pintarlos,
cuando miras,
como si fueran recuerdos
de los lagos de Montebello.
En los atardeceres furtivos
bebería la miel que destila el día
en la cuenca de tus ojos
si no estuvieran prohibidos,
la miel y entrar a Montebello.



Ndaani’ batanaya’ / De mis manos

Natalia Toledo


                                              Ni guicaa T. S. Elliot

Ndaani’ batanaya’ gule jmá guie’ naxiñá’ rini
ziula’ ne sicarú,
qui zanda gusiaanda’ dxiibi guxhanécabe naa guirá ni gule niá’.

Emotiva clausura de ‘El camino de la iguana’

Varias de las sesiones se realizaron al aire libre en la Sala Lina Marín del Centro Cultural Herón Ríos
El viernes 5 de septiembre del presente año se conmemoró el 148 aniversario de la batalla de los republicanos zapotecas en contra del ejército de Maximiliano de Habsburgo, pretendido Emperador de México. Ese mismo día finalizó el taller de literatura en zapoteco El camino de la iguana, que impartieron Natalia Toledo y Víctor Cata en el Centro Cultural Herón Ríos del Comité Melendre desde el lunes 25 de agosto.

Bizu / Abeja

Bizu

Natalia Toledo

Dechenadu riguiru ne rusaana niidxi sti’
Natalia Toledo
ca ba’du’ xcuidi nacacá’ ti xiga bizu
ni riguiru bataná’ guendaranaxhii.
Sica ti mani’  nisadó’ nuzá’  Giacometti  ne guiiba’.
Ti yaga ridiiñe ni biza’du ne rucheeche nisa ruuti’,
riaya xtidxidu  riree guxooñe’ nedu laa zitu,
rinanda xiga dxiña bizu laadu.
Guiree zou’
ti zaca nga  gunibia’lu’  neza guibiguetu’.


Abeja

En el dorso de la mano
aguijona y deja su leche.
Los niños son una jícara de abejas
que pellizca la mano de Eros.
Como un crustáceo de Giacometti con metal,
una vara azota nuestra escultura y esparce el veneno,
nuestro grito se dispara corriendo
el morro de caramelo nos persigue.
Para dar con la meta 
sólo hay que huir de ella.


[Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año II, N° 70, Dom 24/Nov/2013―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo, publicado originalmente en la Revista Guidxizá (antes Istmo Autónomo), Año II / Nº 7, Julio-Septiembre de 2005. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.]

Ra riluxe ne ruzulú bacaanda’: conversando con César López

César López
Gubidxa Guerrero 

Un acontecimiento entristeció las almas de los pueblos zapotecas del Istmo. El 15 de agosto de 2007, el último de los grandes cantautores juchitecos dejó este mundo para acompañar al Portalira zapoteca, al Trovador del recuerdo, y a tantos otros compositores de nuestra bella región.

Campesino, albañil y músico, César López fue un hombre polifacético que dejó un legado invaluable a nuestra cultura: sus canciones. Aunque su obra se presenta magnífica a todo público, en vida fue escaso el reconocimiento que recibió de los círculos intelectuales; siendo, en cambio, inmenso el cariño y admiración que le concedieron los hombres y mujeres humildes, por cantarle al campo, al amor y a la vida cotidiana.