Dalthon Pineda
Te miraba de niño hablando con las flores del río,
docenas de nutrias inquietas jugueteaban
entre tus pies descalzos hundidos en el agua.
Acariciabas tu pelo, suave, lentamente deslizabas tus dedos,
tus ojos que cantaban con tus labios mirando al cielo.
Reías y soñabas como quien disfruta la vida, Mudubina,
pintabas las praderas de colores con tu sola mirada, tu piel blanca
aroma de flor húmeda, aroma de flores del alma.
A lo lejos sobre un tronco hueco un ave negra
miraba celosamente tu regocijo de diosa.

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