Batalla del cinco de septiembre de 1866


Juquila A. Ramos Muñoz

Esta semana en Nuestros Pueblos, Nuestra Historia, programa radiofónico del Comité Melendre conmemoramos a todos los valientes zapotecas que lucharon contra el invasor europeo. “Porque en la historia de nuestros pueblos están las lecciones para transformar nuestro presente”.

Estampa conmemorativa del Centenario
El lema anterior se acuñó  para la campaña de historia que realiza el Comité Melendre. Por la razón anterior, Nuestros Pueblos, Nuestra Historia dedica una sección especial a un tema histórico, y en esta ocasión Gubidxa Guerrero nos platicó sobre la gesta heroica del 5 de septiembre que realizaron los zapotecas del Istmo

Todos los días se trabaja en el Comité Melendre. Esta semana les platicamos acerca de la Feria de Revistas realizada en la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), en la Ciudad de México, en donde tuvo un lugar especial la Revista Guidxizá, uno de los doce proyectos de la organización. También charlamos del recibimiento que ha tenido el Ciclo de Cine “Por las capillas del sur” en Juchitán. 

La Revista Guidxizá nos presenta como cápsula radiofónica El novio del mar, cuento del escritor zapoteca Macario Matus, en voz de Ana Laura Palacios Cepeda.

Sica nisaguié | Como la lluvia

SICA NISAGUIÉ

Enedino Jiménez

naya’ni’, nabiuxe, qué gapa xigaba’
ra calate piipidó’
ndaani’ xpidxaana’ guidxilayú,
zacá rilátelu’ ladxiduá’
dxi cayannaxhiilu’ naa.

Ilustración: Delfino Marcial Cerqueda

Ca binnizá | Los zapoteca

CA BINNIZÁ


Binnizá laadu.
Binni nadxii xquenda.
Ca binnizá yooxho’ Gula’sa’ biree laca’
gunaxhiica’ gubidxa, bisiá ne beedxe’.
Gubidxa bizaani’ guirá’ neza guzaca’
ne bizaani’ dxiiña’ risaca bi’nica’.
Bisiá bisiidí’ laaca’ guichézaca’ lu bi,
guiásaca nandí’, chu’ca ra jma naso guibá’.
Guendanadxiibalú ne guendarucaalú nadipa’
beedxe’ biluí’ ni laaca’ ne biaananeca’ ni.
Ca manihuiini’ ripapa neza rihuinni guibá’
zaqueca biduunaxhiica’.

Ne xinaxhi riale lu guie’, ca rigola que,
saa dunabé sicarú gulá’quica’, biindaca’ ne biyaaca’
lu bi, lu za, lu bacaanda’ ya’ni’ xtica’.

Zaqué nga guyá’ guendalisaa cá lu xpia’
ca binnizá nuu yanna,
ca binni nadxii xquenda.


Óbitofranquezas II / III

Enrique Chan


II

La tarde en que moriste, Tomás, tu madre hacía tortillas 
y cantaba una canción de los tecolines 
que sonaba en la radio.

Un par de horas más tarde, golpeaba estrepitosamente tu pecho, 
desecha en llanto, como regañándote por haberte muerto.

La noche briaga de tu ausencia

Jesús Urbieta Palizada, Chu Huiini
Alba Magariño Saynes


Nunca, como esa noche, había sentido tanto que te quiero. Tu ausencia y el alcohol (esa pócima mágica de la felicidad) lograron que en menos de una hora soltara todas esas lágrimas ―no fueron tantas, pero sí dolieron― que se habían quedado pegadas dentro de mí. Las últimas, espero, aunque no creo.

“No le eches la culpa a Reyna de mi ebriedad”, le dije a mi padre, “la que decidió emborracharme fui yo”.  Y así fue, yo decidí emborracharme como dicta la tradición del rapto, pero no fue por ti ni por tu ausencia. Simplemente decidí acompañar a todas esas mujeres, y sobre todo a esas dos colombianas que llegaron inesperadamente a mi casa preguntando por mi padre. Por eso tuve que ir (tuve: porque confieso que no quería hacerlo. Ir a un rapto me resultaba intrigante, nunca había visto uno antes, sólo tenía los datos esenciales: el novio llevándose a la novia; los padres del novio informando a los padres de la novia, el desfloramiento, la mancha en la sábana blanca, la fiesta en casa del novio, las mujeres de la novia yendo a constatar ―¡qué vergüenza!― si salió virgen o no; luego las chelas, el mezcal, y el embriagado baile para después llevarlas de nuevo a la casa de la novia con banda y alegría etílica. Me resultaba intrigante, sí, pero no estaba de humor), por eso o para eso, mejor dicho, tuve que ir: para guiarlas y mostrarles el camino hacia Jorge Magariño, y llevarlas, de paso, como dijo una (ambas se llamaban Claudia), al paraíso.

Olin mi canto

Ezequiel Ortega
Samantha Martínez Maya

Viene el hombre de maíz
De maíz el hombre y la mujer
que curten la piel del suelo a pasos de coa
plasmando el tiempo de flores sobre su pecho
Cosechas de temporal entre las montañas
Los ojos de agua de la mixteca
Noches de ermitas    grillos y lechuzas

Tierra y cielo
Sol y luna
El águila que dejó su pluma
sobre el camastro de la redonda choza

Se anunciaba así el tiempo del movimiento
de andar bajo el azul del cielo
Manto de algodón sideral tus nubes
Miradas que nos llevan a tocar un poco las estrellas

Viajaste lejos
Hombre entre tus hombres
que conocen de distancias largas y caminos sinuosos
Andando por fuera las montañas 
Saliendo de las barrancas
Afianzando las raíces en las ciudades frías

Biquiixhu

Alfonso Garfias
Pamela Flores

Para mi abuela, 
por los días en que nos encontramos. 

“Si caminas por ahí y te encuentras algún individuo con costurones en la palma, toma precaución y no te acerques a menos que sea de suma confianza”. Así recomendaba mi abuela, y su consejo se debía a la historia a la que me referiré. 
     
En casa de mi abuela Na Yana teníamos por costumbre, antes de ir a dormir, guardar todas las cosas que durante el día reposaban en el solar. Recogíamos la ropa colgada en los mecates, el jabón para lavar, las cubetas, los costales con frijoles, los trapos y también las hojas de plátano y los granos de café que poníamos a secar. Metíamos todo adentro de la cocina y luego la cerrábamos con candado. Después, nos íbamos a dormir a otro cuarto en el que atrancábamos la puerta con un palo y, luego, colocábamos una bandeja con trozos de vidrio en la entrada. Esto lo hacíamos desde que yo tenía memoria y aún lo practicamos, pero dicen que no siempre fue así. Na Yana me contó una vez el porqué de este ritual.

Pez / Nagual

PEZ

Óscar Zárate

Tus ojos que rompen 
mi calma,
llegas con tus olas
constantes a mi playa:
me mojas, me besas.
Qué tienen mujer
tus ojos…
una atarraya que se
enreda en todo mi cuerpo.

Viejas formas

Ezequiel Ortega
César Rito Salinas

María. Pongo por nombre María, aunque todos sepamos que no se llamaba María. Pero de ella es la expresión arriba escrita, y no la dijo allá por los rumbos de la playa del río, ni en el oscurecido atrio de la iglesia, ni en ninguna de las calles apartadas del barrio. Esta María, mujer muy bandida, llegó caminando, sola, al callejón de Pepe Dichi. Quién sabe qué andaría haciendo la mujer por ese sitio. Allá arriba, en la carretera, ya habían pasado los camiones que traen a los obreros de la última guardia en la refinería. En el callejón no permanecía ya ninguno de los borrachos que esperan el regreso de los trabajadores para pedir algunos centavos para comprar la última cerveza de la parranda. Las luces estaban apagadas. La gente ya dormía a esa hora en el patio de su casa. Pero por ahí andaba María, con la frase entre los labios: “esto está más oscuro que la noche en que se perdió el cuche”. La dijo bajito, junto a mis cabellos, bien lo sé. Ya no caminamos más. Todavía lo recuerdo, aunque ha pasado ya tanto tiempo.

El origen prehispánico de Ciudad Ixtepec

Ezequiel Ortega
Raúl Alejandro Mena Gallegos

Introducción.

Ciudad Ixtepec es una población y municipio ubicado en la ribera derecha del Rio Los Perros[1],  en el Istmo Sur de Tehuantepec, en el Estado de Oaxaca. Sus coordenadas geográficas son 16º 34’ longitud norte y 95º 06’ longitud oeste; se encuentra a una altitud de 40 metros sobre el nivel del mar. Hoy, viven en ella cerca de 25 000 habitantes que cuentan con diversos servicios e instituciones; y sus manifestaciones culturales se asocian al grupo zapoteco. De la misma forma que las comunidades actuales de la región, Ixtepec tiene su origen en los diversos asentamientos prehispánicos que existieron en el área, pueblos que fueron reubicados en la época colonial.

En este trabajo se presentan los datos arqueológicos de los asentamientos prehispánicos que dieron origen a Ixtepec, datos que proceden de las intervenciones aprobadas por el Consejo de Arqueología del INAH, llevadas a cabo por los arqueólogos Marcus Winter y Roberto Zárate, investigadores del Centro INAH Oaxaca y publicadas en fechas recientes. Para su referencia, se incluye un mapa donde se indica la ubicación de los sitios (Figura 1) y un cuadro para identificar la cronología de la región del Istmo Sur de Tehuantepec, definido por Zeitlin y Zeitlin (1990) (Figura 2).

Señas particulares

Luis Fernando Canché Barajas


Tu rostro: una pausa en el frío,
un camino de despojos,
de ritmos,
de oscuridad...

Postal de tiempo


Victoria Guzmán Cabrera

Memoria Gráfica Zapoteca ─Proyecto del Comité Melendre─ presenta esta preciosa fotografía de poco más de 105 años de antigüedad.

El retrato eterniza un momento en el pueblo de Ixtaltepec, Nación Zapoteca. Una madre posa orgullosamente con sus tres hijos. Se encuentran retratados en dicha imagen: Agapita Rasgado (centro), Cipriano Naranjo Rasgado (izquierda) Ursulino Naranjo Rasgado (derecha), y una niña sentada en las piernas, portando su traje regional, de quien desconocemos los datos.

Gráficos 44: Alberto Quiroga Carballo

Alberto Quiroga Carballo es originario del Barrio El Cerrito, de Tehuantepec, Nación Zapoteca. Desciende de dos etnias, zapoteca y tarahumara, que forjaron su carácter.

Aprendió el arte de la fotografía de manera empírica. No obstante, reconoce una deuda con Víctor Salvador Zendejas Llanos, quien lo impulsó y enseñó en sus inicios.

Trabajó en diferentes medios de comunicación de la región istmeña. Sus trabajos se han publicado en periódicos, revistas, discos, así como en carteles. Ha sido el fotógrafo oficial del Guendalizaa en los últimos 11 años.

Fotógrafo desde hace poco más de dos décadas, es pionero del video en nuestra región, trabajando en “ARO publicidad” con el maestro Amado Rodríguez Ortiz, a quien le debe su profesionalismo en este rubro.

Actualmente se desempeña como Regidor de Ecología en el Municipio de Santo Domingo Tehuantepec.