La música zapoteca del Istmo: un proceso continuo

 
Músicos ciegos en Juchitán. Ilustración de Miguel Covarruvias
Gubidxa Guerrero

Hace algunos meses publiqué un artículo sobre La Sandunga, pieza representativa de los zapotecas istmeños. Por lo anterior recibí varios comentarios preguntando por aspectos particulares de nuestra música. Todas las preguntas podrían resumirse en una sola: ¿Cuál es el origen de la música zapoteca?

Antes que todo, debo aclarar que soy etnohistoriador, no etnomusicólogo. Es a estos últimos a quienes corresponde el estudio de los géneros musicales, influencias, orígenes, etcétera. Desconozco si existe algún estudio especializado sobre la música tradicional binnizá, aunque sí contamos con algunos intentos empíricos.

Efemérides: 19 de Mayo de 1853

El 19 de mayo de 1850 el pueblo de Juchitán sufrió un devastador incendio, provocado por el ataque de los soldados de la Guardia Nacional.

La tropa fue enviada por el Gobernador de Oaxaca, Benito Juárez García, en su intento por capturar a José Gregorio Meléndez y a sus lugartenientes. En lugar de ello, el hecho provocó que más personas se sumaran a los rebeldes. 

El incendio de Juchitán generaría un sentimiento de animadversión hacia los gobiernos del centro.

19 de mayo de 1850: el incendio de Juchitán

Gubidxa Guerrero

El sábado 18 de mayo por la mañana, José Marcelino Echavarría partió de Tehuantepec con rumbo a Juchitán acompañado de un numeroso ejército. Al parecer Echavarría tenía pensado salir para Juchitán un poco después, pero, según él, debido a los continuos partes que recibía de los alcaldes de Comitancillo e Ixtaltepec ―poblaciones intermedias en el camino que conducía de Juchitán a Tehuantepec―, tuvo que apresurar la marcha. La Sección de Operaciones sobre Juchitán estaba compuesta por 434 soldados: 250 hombres del batallón Guerrero; 114 del batallón Lealtad, de Tehuantepec; 70 soldados de caballería; dos cañones y un tren regular de campaña. El mismo 18 de mayo por la tarde llegaron al pueblo de Ixtaltepec, distante dos leguas de Juchitán y siete de Tehuantepec. En esa comunidad, avisados con anticipación, se le incorporaron las milicias auxiliares de seis pueblos: Comitancillo, Laollaga, Chihuitán, San Jerónimo (hoy Cd. Ixtepec), Espinal e Ixtaltepec “y sujetos particulares que quisieron dar este servicio al gobierno”. Todos pasaron allí la noche. El número de auxiliares, según la versión de los juchitecos, alcanzaba los dos mil hombres.

El día domingo 19 de mayo de 1850, a las ocho de la mañana, salieron de Ixtaltepec hacia Juchitán las tropas del gobierno comandadas por José Marcelino Echavarría, según él “porque el faccioso y criminal Don José Gregorio Meléndez con sus secuaces trataba de dar un golpe a la sección puesta a mis órdenes”. Temiendo emboscadas durante el trayecto de dos horas que debían recorrer de uno a otro punto, dispuso la fuerza de tal manera que se les pudiera hacer frente. En opinión de Marcelino Echavarría, el ejército zapoteca comandado por Che Gorio Melendre estaba integrado por 1500 hombres, provistos de machetes, hondas, lanzas y algunas armas de fuego; quienes, prevenidos, formaron dos frentes para defenderse del enemigo antes de que éste llegara a Juchitán: uno, 200 metros delante del pueblo, y el otro a la izquierda del anterior (rumbo al Este), dándole la espalda al bosque.

Tal vez mañana amanezca

 Luis Manuel Amador

Tal vez mañana amanezca y alguien tome no un arma (no lo he dicho pero ya no hay palabras y estoy solo) sino la pluma para sacar al aire sus entrañas en manojos bajo otra noche, una en que se llega a sentir alegría y solidaridad con los retretes reflejando las constelaciones, donde la transparencia baje desnudo al esqueleto del idioma hasta hacerlo invisible e inseparable del mío.

Ilustración: Víctor M. Chávez Regalado

Profuso y cenizo


Ilustración: Jesús Urbieta














Jesús Urbieta 

Amor de un medio día
profuso y cenizo 
viejo y harapiento 
al cuál no he olvídalo 
¡ha! mi corazón como una góndola
que llena de salitre sus ventrículos
hay un cielo de estrellas
en tu pequeña constelación de veranos
yo me pensé en tu rivera
la vida niebla se purifica al fuego 
quién está allí en tus arterias
comiendo de tus glóbulos mi savia
es infinito y preciso enterrar a la noche 
y rescatar la púrpura luz del que nace
yo anduve a solas en mi automático  silencio
cometí tal desolación en los muros obituarios
de tu obcecada marea
de tu compulsiva espuma
convoqué murciélagos
ascendía al árbol de tu fruto sabio
y apetecí 
de mi costado

La Sandunga, canto de unidad, canto de guerra

Busto de Máximo Ramón Ortiz
Gubidxa Guerrero

Cuando los ancianos escuchan los acordes de La Sandunga, inmediatamente cambian el semblante, y la emoción se apodera de ellos. Lo mismo sucede cuando un zapoteca del Istmo se encuentra lejos del terruño. Y es que si existe un son que identifique por igual a tehuanos con tecos, a jeromeños con guiaatis, y a habitantes de todas las poblaciones de la planicie costera, ese canto es La Sandunga.

Mucho se ha especulado sobre su origen. Se ha discutido bastante acerca de la ciudad donde surgió. Lo cierto es que esta pieza, si bien se ha convertido en un canto de todos, está asociada a dos personas: Máximo Ramón Ortiz y Andrés Gutiérrez (Ndré Saa, quien se se dice que la musicalizó como la conocemos ahora); tehuanos ambos.

¿De cuándo procede? Éste, como otros elementos culturales que enriquecen la identidad de los binnizá, nace del fuego de las batallas. En abril de 1850 el pueblo de Juchitán y el entonces Barrio de San Blas iniciaron la rebelión más grande habida en el sureste mexicano durante los últimos doscientos años. Dirigió el levantamiento de los zapotecas istmeños José Gregorio Meléndez, conocido entre los suyos como Che Gorio Melendre.

Los fiscales de San Francisco Cajonos: ¿mártires?

Beatriz Cruz López

Esta semana, la Biblioteca Digital de Historia Zapoteca, proyecto del Comité Melendre recomienda el texto de Rosalba Piazza titulado “Los mártires de San Francisco Cajonos: preguntas y respuestas ante los documentos de archivo”. 
    
En 1704, Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, fiscales de San Francisco Cajonos, avisaron al padre vicario de aquel pueblo serrano que la comunidad realizaba un ritual idolátrico en la casa de José Flores. 

El padre vicario, acompañado de un fraile y varios españoles, se apresuró a llegar al lugar y con cierta violencia irrumpió en la reunión. Al día siguiente, por la noche, el pueblo arremetió contra los dos fiscales; sitiaron el convento donde se habían escondido y se los llevaron para castigarlos. No se volvió a saber más de ellos. 

Los fiscales de Cajonos, ¿mártires?

San Francisco Cajonos.
Fotografía: Ezequiel Leyva.
Juan Manuel López Alegría


“Chismosos”, les dicen ahora

Resulta interesante revisar el asunto sobre la discutible beatificación de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles. 

Los ahora beatos eran fiscales de su comunidad, San Francisco Caxonos, ya que habían desempeñado otros cargos como acólitos y sacristanes; ello derivado de un concilio celebrado en 1585 en donde se organizó la participación indígena en los servicios comunitarios. 

Efemérides: 8 de Mayo de 2004


El 8 de mayo del año 2004 se fundó el Comité Autonomista Zapoteca “Che Gorio Melendre", por jóvenes binnizá de distintas poblaciones.
     
Desde el primer día el Comité Melendre se propuso convertirse en un modelo de trabajo voluntario, para poder ganarse el derecho de representar algún día los anhelos más profundos de la estirpe de los binnigula’sa’










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Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos ―Año I, N° 42, Dom 12/May/2013Año II, N° 91, Dom 11/May/2014―, suplemento cultural del Comité Melendre en EL SUR, diario independiente del Istmo. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente. Puede consultarse en formato PDF desde los siguientes enlaces: https://issuu.com/guidxizapatriazapoteca/docs/no42 https://issuu.com/guidxizapatriazapoteca/docs/no91

¿Xilabela o Belaxila?


En el expediente del siglo XVI del Archivo General de Indias (AGI), Escribanía 160b, relativo al cacicazgo de Tehuantepec, varios testimonios afirman que la esposa de Cocijoeza se llamaba Xilabela, y Quetzalcóatl. Uno es el nombre en tichazàa (zapoteco colonial) y otro en náuatl (el llamado náuatl clásico), pero ¿son sinónimos? Xila, al igual que Quetzal, puede traducirse al español como ‘pluma’, mientras que Bela y Cóatl pueden traducirse como ‘serpiente’. No obstante, en la lengua zapoteca la forma general de construir palabras consiste en poner en primer lugar el significado genérico seguido del significado específico. De modo que el sinónimo de Quetzalcóatl sería Belaxila, y no Xilabela. Es el mismo orden que aplica Gubidxa Guerrero cuando afirma que actualmente el término en diidxazá (zapoteco del Istmo) sería Beendaxhiaa.[1]   
 
Ilustración: Manuel Cabrera
¿Cómo se puede explicar esta divergencia? Lo primero que viene a la mente es pensar que hubo un error de traducción por parte de los bènizàa, y que las diferencias gramaticales entre el náuatl y el tichazàa confundieron a los testigos. Pero en este caso específico, es difícil creer que los testigos que hablaron de Xilabela, todos miembros de la nobleza zapoteca, no supieran hablar
y por tanto traducir de náuatl a zapoteco y viceversa. Porque entonces lo mismo hubiera ocurrido con los nombres de Cocijoeza y Cocijopii al traducirlos al náuatl, y vemos que no es así, y que Huiztquiahuitl (Cocijoeza) y Ecaquiahuitl (Cocijopii) son traducciones bien logradas.
 
Por el contrario, si afirmáramos que Xilabela tiene un significado distinto de Quetzalcóatl, deberíamos buscar sus posibles traducciones. En una primera búsqueda en el Vocabulario de Fray Juan de Córdova tenemos que Xila puede significar además de pluma calor, don, gracia o merced, premio, riqueza (hacienda);[2] mientras que Bela/Pela puede significar además de serpiente carne, culebra, gusano, hilera, hermana (hermana de hermana, es decir, aplicado sólo para las relaciones entre mujeres).[3] Si combinamos los resultados para buscar una traducción veremos que ninguna combinación parece tener sentido, especialmente si pensamos que se trata del nombre personal de una mujer de la alta nobleza naua. Parece que la traducción más aceptable sería pluma-serpiente, es decir, pluma de serpiente. Y sabemos que la única serpiente con plumas que ha existido en estas tierras era la mítica Quetzalcóatl.

Coyolicatzin se llamaba Quetzalcóatl


Ilustración: Francisco S.
Regalado, Puga
Uno de los aspectos más importantes de los zapotecas es su historia. Y si bien es cierto que nuestra historia es milenaria, también es verdad que con el transcurrir de los siglos ésta parece olvidarse. Para nuestros ancestros la historia fue fundamental, pues servía de guía orientadora a las sucesivas generaciones. Y para conservarla, los binnigula’sa’ (zapotecas antiguos) tallaron estelas, pintaron murales, códices, y la transmitieron de manera oral.

Pero la historia no siempre relata fielmente los acontecimientos; por lo que continuamente tiene que reescribirse, conforme nuevos hallazgos enriquecen el acervo documental de un pueblo o de cierto periodo. Tal es el caso de las narraciones populares sobre la guerra entre aztecas y zapotecas, o sobre la vida de los últimos reyes de Tehuantepec. Mucho se ha escrito al respecto, por lo que en esta ocasión me enfocaré a un solo detalle: el nombre de la esposa de Cocijoeza ('Rayo de pedernal') y madre del último monarca zapoteca.

La versión más difundida que no por eso tiene que ser veraz, afirma que se llamó Coyolicatzin ('Copo de algodón'), y que perteneció a la familia gobernante de México Tenochtitlan. Y efectivamente, dicha mujer estaba emparentada con los dirigentes del reino mexica, pero no se llamaba Coyolicatzin, sino Quetzalcóatl.

Clamor del alba

Fernando Amaya


Xhilabela! Xhilabela!
Soy el colibrí demudado que absorto en su vuelo
se apresta a libar la miel de tu cáliz
Fernando Amaya
Xhilabela! Xhilabela!
Soy el cenzontle canoro que estrena una voz nueva
para celebrar con su canto tu altiva belleza
Xhilabela! Xhilabela!
Soy el caracol sonoro que convoca a tu pueblo
para los fastos de nuestra luna fértil
Xhilabela! Xhilabela
Soy el quetzal que sucumbe azorado
en tus ojos de serpiente divina
Xhilabela… Xhilabela…



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Publicado en la Revista Guidxizá, Año VII, número 15, Octubre-Diciembre de 2010.


Texto publicado en Guidxizá, una mirada a nuestros pueblos, suplemento cultural del Comité Melendre, publicado en EL SUR, diario independiente del Istmo. Año I, N° 48, Dom 23/Jun/2013. Se autoriza su reproducción siempre que sea citada la fuente.

Sencillas lecciones sobre 'El arte de amar'

Ilustración: Carlos Bazán
Sencillas lecciones sobre El arte de amar[1]

 Ovidio[2]

 
 
Se engaña aquel que acude a las artes de Hemonia[3] y da a tomar lo que arranca de la frente de un potro recién nacido[4]. Las hierbas de Medea no harán que el amor perviva, ni los conjuros de los marsos[5] acompañados de mágicos sones. La mujer del Fais[6] hubiera retenido al Esónida[7] y Circe a Ulises, si con sólo los conjuros pudiera el amor conservar. Y no serviría de nada hacer probar a las jóvenes esos filtros que las ponen pálidas: los filtros dañan la razón y tiene fuerza enloquecedora.